Parásitos reconocibles
Nuestro ecosistema nacional se resquebraja, víctima de una plaga de parásitos reconocibles e imposibles de erradicar, que no es otra que la ladilla “progre” socialcomunista en su versión humana y con cartera de ministro.
Las ladillas que nos gobiernan, refractarias a que detalles molestos como la ley, la Constitución y la declaración de derechos interfieran en sus decisiones, nos tienen cogidos por los dídimos, ocupando, infectando y cargándose las instituciones, el Tribunal de Cuentas, la Fiscalía, la ciencia, la educación, los medios de comunicación, la policía, la política, los jueces, la economía y hasta el CNI. Todo.
Dudo que los celtíberos, desnortados, abúlicos y hedonistas, podamos deshacernos de semejantes parásitos. Y ya sabe que, cuando un cuerpo es incapaz de desparasitarse, se muere. Así de simple, salvo que ellos, los parásitos, curtidos y experimentados, aun en caso de catástrofe global, nos sobrevivan.
Procede, pues, que, en tal caso, nos hinquemos de rodillas ante el Santo Job para demandarle la paciencia y el aguante necesarios, para soportar, aunque sea con respiración asistida, el furibundo, extenuante y progresivo acoso al que nos tienen sometidos nuestros creativos y extractivos dirigentes, empeñados en el loable objetivo de que todos los españoles, individual y colectivamente, prosperemos a base de pagar cada vez más impuestos rayanos en la usura.
No importa que la realidad diga lo que dice si incautos contribuyentes como usted o como yo, con solo dos neuronas operativas, creemos las promesas eternamente incumplidas de esa avalancha de bobos precoces y estafadores, políticos ladilla, que golfean, atracan y se enriquecen a costa nuestra.
Un intelectual inteligible, que en el momento actual es más importante que un intelectual inteligente, se ha expresado con claridad al respecto: “Apague su televisor y radio, haga su propia investigación y cuestione todo. El conocimiento comienza con preguntarse y hacer preguntas”.
Saludos cordiales.
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