Medio ambiente, guerras y pisada ecológica militar
Este domingo la ONU, en el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, llama a cuidar el planeta.
Pero ¿lo hacemos?, ¿lo hace la industria militarista?, ¿lo practican nuestros gobernantes en Asturias o en Cantabria?
Coincide que del 7 al 10 de junio se desarrollarán en Santander una serie de marchas y actos militares impulsados por la industria de defensa y con el apoyo de las fuerzas armadas.
A este enorme e impactante acto de propaganda lo llaman proyecto de convivencia cívico-militar.
Frente a ello se impulsa la "campaña Cebra", con la que a través de imágenes del blanco y el negro destacan el duelo por las víctimas de todos los conflictos bélicos y la posibilidad de crear alternativas esperanzadoras de construcción de paz.
"El blanco y negro también nos recuerda los pasos de cebra, las zonas de la vía donde las máquinas dejan paso a las personas. Y esa es otra de las lecturas que queremos transmitir a las instituciones: que es fundamental que dejen de invertir en la industria de guerra, que en estos tiempos de crisis los recursos públicos tienen que destinarse a cuidar a la población. El gasto militar en el mejor de los casos es improductivo; en el peor, destructivo de vidas, cultura y medio ambiente. Para construir la paz, lo militar debe dejar paso y espacio a la sociedad civil".
Y coincide también con los preparativos y anuncios rimbombantes de la "recuperación" pospandémica del festival militar aéreo de Xixón.
Sin embargo... el Día Mundial del Medio Ambiente debiera ser una oportunidad más para eliminar la contaminación militar aérea en Gijón y su entorno.
Las emisiones de gases de efecto invernadero de los aviones del Festival Militar Aéreo de Xixón se llevarán por delante, superándolas, todas las medidas de reducción y movilidad que están en debate en el concejo, supuestamente aprobadas para reducir contaminación y gases nocivos.
Entre los ensayos, las idas y venidas a La Morgal y a las bases militares de procedencia, y la propia exhibición militarista de los aviones de guerra, nos dejarán una huella (¿o una pisada?) ecológica impresionante, y es que esa debiera ser la primera medida y medición a efectuar por el Consistorio gijonés.
El prestigioso IPB, que recibió el Nobel en 1910, sitúa el coste de un tanque Leopard en el equivalente de 440 costosos respiradores, tan demandados en pandemia.
El de un avión de combate equivaldría a 3.244 camas UCI.
Una hora de lo que quema uno de estos aviones de matar supone el sueldo de dos enfermeras todo el año.
"Menos armamento y más salud", entonces, resulta un reclamo de lo más elemental.
La militarización es considerada la actividad humana más destructiva desde el punto de vista ecológico, ahora que nos acercamos a la retórica del Día Mundial del Medio Ambiente, este domingo, 5 de junio.
España exporta por valor de 25.000 millones en armamento. Detrás del enorme negocio, y sin que nadie lo mida como sería preceptivo, hay una impresionante huella ambiental.
Si los ejércitos en general son responsables del 5-6% de las emisiones que contribuyen al desastre climático, con CO2, con gases tóxicos, con bombas, con bombas sin explotar... la guerra desde luego es el peor de los enemigos del "desarrollo sostenible", y su preparación y propaganda, como en los cielos de Gijón, también.
(Y si además, esos cazas llevaran armas atómicas... sabido es que cada arma nuclear es un holocausto).
Sí, el Ayuntamiento de Gijón "ha aprobado" los ODS. Pero para hablar y actuar contra el cambio climático, en energía, en transporte, en residuos, el municipio precisa deshacerse del festival militar aéreo.
Se estima que los aviones de combate allí exhibidos cada hora y cada uno queman 6.800 litros de combustible JP8, además de requerir 1,5 millones al año en formación y otras cantidades en mantenimiento, lo que equivale a miles y miles de coches, de los que con buena intención se pretende disminuir su impacto en la ciudad y en el aire ya contaminado de Gijón.
La Corporación, el equipo de gobierno, debiera estudiar y analizar estos terribles impactos ambientales, con la obligación de informar a nuestra población, junto con el resto de impactos de contaminación acústica, afectaciones a personas vulnerables (ancianas, niñas, enfermas...), estrés a los numerosos animales de la zona y otras consecuencias derivadas de un obsceno gasto militar que se mantiene en secreto pero que se amenaza con aumentar, a costa de nuestras más esenciales necesidades sociales en dependencia, en sanidad, en educación, en cultura para la paz, nunca para la guerra.
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