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La que más nos ha molestado durante estos últimos meses, y me temo que seguirá haciéndolo, es la de Adriana Lastra, toda una vicesecretaria general del PSOE, con los herederos de una banda terrorista, los de EH Bildu, en el Congreso (17 de diciembre de 2019). A mí me parece que hemos salido muy mal los de Asturias (y mucho peor los de Ribadesella), y no merecíamos caer tan pero que tan bajo.
Lastra, con Rafael Simancas a su izquierda, tiene a su derecha a los compañeros de Arnaldo Otegi, entre ellos Mertxe Aizpurua y Oskar Matute. Y así ha quedado registrada esa imagen para la historia de España, esa que, según los últimos cambios en los planes de estudio, el futuro alumnado deberá estudiar solo desde 1812. «Qué pasada, tío». El futuro alumnado, deduzco entonces, puede que nada llegará a saber sobre el magistrado, político, humanista, educador y patriota Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811), entre otras de las personalidades que hasta hace muy poco formaban parte de nuestra cultura general. Una verdadera pena.
Declararse español está muy pero que muy mal visto. Ahora que si eres un simpatizante del mundo etarra no pareces tan mala persona, según la actitud de la siempre poco educada, además de ramplona e ignominiosa Lastra (tratándola, eso sí, con un mínimo de respeto).
A la gente de a pie, que ya tenemos suficiente con los problemas de cada día, nos queda muy poco que hacer si los que se mueven por arriba, los que, diríamos, son la «elite política», están tan poco preparados y tienen tan escasa memoria o carecen de los más mínimos escrúpulos y preparación como en el caso de la afamada Lastra. La gente de a pie nos conformaríamos con que se fomente el respeto a la Constitución de 1978, se respeten las instituciones que proporciona nuestra Monarquía parlamentaria, y además vemos muy mal que declararse separatista signifique saltarse las leyes, todas las normas y además uno pueda fugarse del país. Y tampoco nos agrada que algunas personas nos vendan el comunismo como la solución a nuestros problemas. Ya está bien de mofarse, hombre. La gente de a pie no queremos que España vuelva a las andadas: república y luego guerra civil. República y guerra civil, república y guerra... Los de a pie queremos que el delincuente pague y se arrepienta de sus delitos (muchos de los cometidos por la ETA aún están por esclarecer) y quien cumpla con la Agencia Tributaria, haga bien su trabajo y respete la ley y el orden obtenga su recompensa. Tampoco pedimos tanto.
A todo esto, qué me interesa a mí que una ministra me diga que es «feminista», en un «desconcertante» Gobierno. Es su problema. Y a mí qué. Si el machismo es un gran error no lo es menos, ya lo estamos viendo, el feminismo, que maniobra en los juzgados para que los profesionales atiendan más a lo que dicen las mujeres en detrimento de lo que argumentan los hombres. Una torpeza y otra demostración de que, en estos días, desde el mundo de la política les interesa mucho, pero que mucho, que en el futuro estemos lo más idiotas posible y del todo ignorantes. Sobre todo, manipulables.
Aunque entre los que se dicen socialistas no todas las personas son mediocres y torpes. Rosa Díez, que supongo que la recordarán, viene vaticinando desde hace un tiempo, y puede que con gran parte de razón, que lo mejor que nos puede llegar a pasar en España es que desaparezca el Partido Socialista.
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