La Nueva España » Cartas de los lectores » Memorias para un futuro incierto

Memorias para un futuro incierto

21 de Junio del 2022 - Jaime Llorca Botas (Oviedo)

En las últimas semanas los conceptos “prima de riesgo” –indicador indirecto del riesgo de impago– o “tipo de interés” han vuelto a ser oídos y repetidos por los medios de comunicación típicos, esas palabras que como espadas de Damocles, ecos de las tertulias y comidas, se presentaban hace una década como la causa, siendo –en corrección– un síntoma, de una economía, o lo que es más un modus vivendi, que bien parecía estar llegando, como si de un accidente se tratara, a su cenit. España no iba bien, el dinero no fluía, y familias que hasta ese momento entendían que el español medio tenía garantizado por sistema el poder irse de vacaciones o tener un segundo coche se daban de bruces con la cola del paro o la drástica reducción de la facturación de sus negocios.

El mercado dudaba de la solvencia española, tanto pública como, por efecto dominó, privada. Ante este escenario, no fueron pocos los actores internacionales que exigieron que la “soberanía presupuestaria” del Estado fuera puesta bajo escrutinio directo de entes supranacionales pues la situación era tal que peligraba la mayor de las garantías del capitalismo post-Nixon, la deuda.

La deuda estatal de un Estado librecambista puede mermar su rentabilidad por la devaluación de la moneda, pero no puede caer en impago, pues el efectivo es siempre disponible, a través de nueva deuda. España debía poder pagar, por su bien y el del resto (el de unos más que otros).

Al final, por conveniencia del conjunto, el BCE optó por dar continuidad al círculo de Nixon, permitiendo una política de bajadas de tipos de interés, hasta colocarlos en 0 –mermando pues la rentabilidad de los productos más seguros–, e impulsando a los inversores a confiar en los denominados “PIIGS” (Portugal, Italy, Ireland, Greece y Spain) mediante el compromiso de que, si se diera el caso, sería, como está siendo, el propio BCE el que daría continuidad al círculo mediante la compra de más deuda.

Por supuesto que se exigió a estos países una reforma de su política de ingresos y gastos, pero, por motivos políticos y de oportunidad (la inflación no aparecía), esta no fue, salvo en el caso de Irlanda, para nada estructural. El crecimiento, aun con cuelga pinzas, de los “PIGS” daba a entender que no existía un empeoramiento de la situación, pese al aumento de la deuda.

Llegados al presente, y ante la nueva reaparición de la famosa prima de riego en los noticiarios, convendría plantearse, de cara al futuro, ¿corre peligro el círculo de deuda?, ¿será necesario?

La respuesta es: depende. Descontando que la economía española no va a ser capaz de cumplir, por sí sola, con sus obligaciones crediticias, los mercados podrían ofrecer una suerte de tregua a través de la refinanciación, pero esto exigiría que se dieran amplísimas expectativas, y reformas, e emitir bonos interés positivo a largo plazo, lo que podría suponer un lastre para futuras recesiones.

Por otro lado, El BCE puede sostener el círculo “ad infinitum”, mediante la compra de deuda, pero en un escenario en el que la inflación se encuentra disparada, y en la que varios países se encuentran “saneados”, hacer algo le pone en la eterna diatriba de mantener a unos, en beneficio de todos, o cortar, pese a los efectos cola a corto plazo para la economía mundial, la sangría.

Hace una década la reducción del consumo en la zona euro y el abaratamiento de las materias primas evitaron la inflación, hoy que el dinero ya está en la calle y las garantías de precio son la excepción. La decisión tendrá muchas más consecuencias para “los que lo han hecho bien”. Teniendo en cuenta la gran interdependencia entre los diferentes entes económicos, es más que probable que se repita la situación, pero esta vez bajo una auténtica exigencia de reforma.

Cartas

Número de cartas: 49673

Número de cartas en Abril: 42

Tribunas

Número de tribunas: 2195

Número de tribunas en Abril: 1

Condiciones
Enviar carta por internet

Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.

» Formulario de envío.

Enviar carta por correo convencional

Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:

Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo
Buscador