Como la vida misma
Recuerdo... Cuando yo era pequeñu. El cine italiano, debía de tener una importancia superior. Hablo de aquí en España, naturalmente, en aquellos tiempos, en mi cabeza ni vestigios internacionales. Pero recuerdo, decía, la preponderancia cinematográfica de los italianos, que sin duda la tenía, como lo demuestra el hecho de que yo lo recuerde particularmente.
Creo que aquel cine era catalogado como neorrealista, aunque para nada recuerde la palabrita. A mí, la expresión que más me suena es "como la vida misma".
La vida de la posguerra, especialmente en los países del sur de Europa. Miseria y trabajo para salir de ella, de la miseria. Y la clara tendencia, cuando menos, consoladora, si no con premio, para los esforzados, sacrificados ¡y honrados! luchadores por su subsistencia, y la de su familia, por supuesto. Siempre, de alguna forma, ganaban los buenos, o, al menos, no eran condenados a la ignomía.
Para mí, no solo en aquella época, el cine siempre, esencialmente, de forma más o menos disparatada, con diferente temática, pero siempre muestra la vida misma. Tienes unos calzoncillos de, para situarlos en la época, algodón moreno, y puedes teñirlos del color que te dé la gana, pero, desde luego, sea el color que sea, los calzoncillos siempre serán de algodón moreno.
Dejo aparte el cine de ciencia-ficción, que, como su nombre indica, no es una ficción sobre el ser humano sino sobre la ciencia.
Me levanté a las cuatro de la mañana. No había forma de conciliar el sueño. Me fui al salón a ver la tele. Antes de acostarme había visto el capítulo 6 de la serie, ya haciendo un esfuerzo, pues, como se podría decir es normal en este género, el/los protagonista/s en cada uno de los episodios parecían tener jodidos a los malnacidos, vana ilusión, que acababan eludiendo, qué menos, la prisión, para seguir con sus fechorías impunemente. Total, que vi el 7, pero ya no pude más, la serie tenía 10 capítulos y me fui, adivinando el horrible final, de una vez a ver el décimo, que, por supuesto, dio razón a mi vaticinio.
Aquellos bichos, que no podían ser más aberrados y que, naturalmente, eran los que ostentaban el poder político, policial, judicial, o sea, tan degenerados como solo los que tienen el poder pueden ser ¡y! Final.
Conclusión. Los buenos, a tragar, y los malos, a gozar. Solo cambian los tiempos, en estos ya ni siquiera es necesario ocultar la maldad, y el cine, eso: como la vida misma.
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