Señorones y señoronas de la guerra en Madrid
La manifestación de este domingo en Madrid contra las guerras y contra la OTAN obligó a algunos medios o empresas de la comunicación a quebrar el silencio impuesto sobre las jornadas previas del viernes y sábado, en el auditorio Marcelino Camacho o en la parroquia San Carlos Borromeo y otros lugares de la capital, en las que se analizaba el papel presente y futuro del militarismo, la propaganda militar, las guerras o la estructura militar de gestión de guerras que nos empobrece, denominada del Atlántico Norte.
Las imágenes (pese a todo festivas bajo el sol agradecido de Madrid) de la manifestación, rodeada por miles de policías enchalecados, son inocultables, aunque claramente interpretables: entre las ridículas cifras dadas por el Gobierno para el autoconsumo comunicacional, y los 30.000 trasladados desde las tres plataformas convocantes.
Esta guerra, sin embargo, no es de cifras, porque si de cifras se tratara para eso tenemos las de los 25.000 policías trasladados desde distintas latitudes, o los 50 millones gastados en la fiesta otanera. Y tampoco son las guerras de cifras de las personas muertas en la necrofrontera sur: son muchas vidas perdidas en el "ensayo previo" a la cumbre de la OTAN, como para mostrar, con las absolutamente irresponsables declaraciones de Pedro Sánchez ante la masacre, que España estaba cumpliendo fiel y sumisamente el papel que la OTAN le ha impuesto de control de la "amenaza híbrida" de las migraciones, producidas en buena parte por las guerras promocionadas por los atlantistas, por las hambrunas provocadas por el enormísimo gasto militar.
Sí que fue insuficiente la presencia asturiana en Madrid (aunque sus pancartas fueran agradecidas y recogidas en miles de fotos en la Castellana) en comparación con otras fechas heroicas del antimilitarismo, lo mismo que de algunas otras periferias, suplidas con amplitud por la movilización fraterna de las gentes de Madrid.
Dos días antes, bajo la lluvia de Xixón, la expresión de rechazo al militarismo y de sumisión a quienes nos fabrican guerras a su medida se había podido expresar en pasacalles musical, y tendrá continuidad en algunos de los eventos de la Semana Negra.
Para seguir reflexionando y actuando sobre que no hay ninguna posibilidad de hacer transiciones energéticas justas, ninguna, bajo la égida de las guerras, imposible es poner en práctica la repetida expresión de la sostenibilidad si no se trabaja primero para la paz.
Sobre que con dos billones en gasto militar en el mundo es absolutamente imposible atender las necesidades de la vida y de la gente, por lo que lo más imperioso y urgente es conseguir que estructuras obsoletas y antihumanas como la OTAN den tránsito a otras donde la búsqueda de relaciones pacíficas entre pueblos tengan su razón de ser.
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