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Libertad y búsqueda

5 de Julio del 2022 - José Luis López Tamargo (Oviedo)

“Existe una libertad de autodeterminación y una libertad de no ser coaccionados”, dijo Isaiah Berlin.

El enemigo de la libertad es el totalitarismo, la falta de valores, según Hanna Arendt. Apliquemos de verdad los artículos 9.2, 10 y 14-30 de la Constitución española. Leyendo a Adela Cortina, Victoria Camps, Elías Díaz, Markus Gabriel, Mounier, Habermas, no cabe el olvido del “otro”. La libertad va muy unida a la lucha contra despotismos, cruentas dictaduras, concentraciones de poder y carencia de derechos individuales para el común de los mortales. La libertad se arrancaba mediante cartas de derechos garantistas, embrión de las constituciones. Existieron una esclavitud faraónica, un sistema esclavista durante milenios, grilletes y explotación. En sentido moderno, la libertad, la igualdad y la solidaridad han sido producto de la ilustración, que gestaría un marco jurídico-político y social de mayor igualdad formal y confianza en la razón, aunque también el surgimiento del Estado moderno subordinaría a la persona a terribles cadenas. Es cierto que la libertad surge con el Renacimiento, abiertas libertades de mercado, elección de oficio, vocación o trabajo, la no privación arbitraria de la capacidad de moverse, expresarse, formarse y realizar efectivos talentos y potencialidades, sin trabas. Igualdad ante la ley y plena seguridad jurídica. Se han apropiado del concepto de libertad, asociándolo tan solo al becerro de oro -anteponiendo el capital “off- shore” al verdadero patriotismo-. Además hay que “salir de cañitas” y “ser fardón”. Simplezas que venden. La izquierda leninista llegó a cuestionarse hasta el sentido de la benefactora libertad, a través de regímenes anuladores, de “hombres-masa”. Lo cierto es que no existe, no es posible la libertad sin la igualdad ante la ley, la equidad y el trato igualitario, dispensado por los poderes públicos, a todos los ciudadanos, por encima de privilegios y circunstancias accesorias. Ahí están los Derechos Humanos, incluso ya de última generación. Los fascismos y colectivismos son muy destructores de la persona, pero también se puede dar miedo constante, atroz inseguridad «en el capitalismo de algoritmo, coleccionista de experiencias sibaritas e incesantes novedades”, donde los demás solo existen y aparecen para validar o confirmar nuestro egotismo o narcisismo de siempre insatisfecho, de fría y artera instrumentalización de los más precarios, ingenuos o vulnerables. La cuestión de la libertad la trataron San Agustín, libertarios y deterministas, la peli “Matrix”. Erich Fromm, en su “Miedo a la libertad” y su “Arte de amar”. No existe nada más humanizador que la libertad, mito fundador de la Edad Contemporánea, recordemos también siempre en España la canción del grupo “Jarcha”: “Libertad, sin ira y sin miedo”.

La libertad es conciencia del ser, pluralismo, respeto y, por supuesto, muy serena libertad interior, más allá del ruido. Capacidad de elección, ante todo, entre el bien y el mal. “El ser humano que fracasa en conciliar la justicia y la libertad fracasa en todo”, dijo Albert Camus.

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