El emérito
A pesar de quedar exonerado de tanta irregularidad, es inasumible que el Jefe del Estado hubiera caído en tanta avaricia personal: millones en paraísos fiscales de dudosa procedencia y no declararlos. Incapaz de hacer un acto de contrición pública, le queda la soledad.
Ahora la Justicia debe velar por que esos millones casi blanqueados por la inviolabilidad del Rey no caigan en manos de sus hijas, beneficiándose del fraude de papá.
Que una persona defraude es delito, que defraude el Jefe del Estado es inmoral y condenable sin paliativos.
Recuerden: mientras los españoles estábamos pasándolas canutas en plena crisis, el emérito regalaba 65 millones a su querida. Dinero sin declarar.
¿Es posible aceptar ese proceder desde la Justicia, desde la Fiscalía y desde la Hacienda pública española?
La inviolabilidad jamás puede justificar y blanquear delito alguno. Un privilegio anacrónico que nuestros políticos siguen sin eliminar de nuestra Constitución.
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