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La Escuela de Ingenieros de Minas y el Rector (2.ª parte)

8 de Agosto del 2022 - Benjamín Fernández Martínez (Oviedo)

Prosigue el empeño en trasladar la Escuela de Ingenieros de Minas de Oviedo.

Sabemos que existe un amplio consenso público contra la deslocalización de empresas. Es un tema que une a todos o a la mayoría de los partidos políticos, los sindicatos y la ciudadanía aunque, a pesar de dicha oposición mayoritaria, en ausencia de una legislación que la penalice, acabemos admitiendo que algunas empresas se vayan hacia localizaciones geográficas que las favorezcan en razón de menor fiscalidad, mayor permisividad legislativa ante la contaminación, menores costes salariales, mayor estabilidad normativa y/o menor presión sindical, entre otras razones.

Hablamos de deslocalización de empresas privadas, porque ninguna Comunidad aceptaría la deslocalización de una empresa pública. La Comunidad afectada saltaría como un solo hombre ante tamaña fechoría. Nos basta considerar lo que ocurriría si en los años 1970/1980 se hubiera pretendido, por ejemplo, desplazar la actividad de Ensidesa para Bilbao. Cualquiera puede imaginar la movilización sindical y ciudadana que despertaría.

Sin embargo, en breve plazo vamos a ser espectadores, si el sentido común o un volantazo de la ciudad de Oviedo con su Ayuntamiento a la cabeza no lo impide, del traslado de nuestra histórica Escuela de Ingenieros de Minas a Mieres por decisión del actual rector de la Universidad de Oviedo. ¿Por qué habríamos de ser más comprensivos con la Universidad que con una empresa pública?

Vamos a plantear algunas sencillas preguntas en relación al traslado: 1.ª ¿Es necesario? 2.ª ¿Se han estudiado otras alternativas? 3.ª ¿Se ha debatido el tema adecuadamente, dando voz a los afectados? Y 4.ª ¿Estamos convencidos los ciudadanos del municipio de Oviedo de la bondad de la decisión?

Podemos contestar la última pregunta con la encuesta de Sigma 2 publicada hace poco por LA NUEVA ESPAÑA. Resumimos el dato más importante, que puede ampliarse en el diario del día 3 de julio: el 18,9% de los encuestados estaba a favor. El 56,5% se posicionaba en contra del traslado y al 24,6% le faltaba información para definirse. La encuesta era rigurosa, con un error de +/- 3,2% y nivel de confianza del 95,5%.

Es decir, por cada ciudadano de acuerdo con el traslado, tres se manifiestan en contra de él. Además, la propia encuesta nos muestra un porcentaje elevado de ciudadanos desinformados, lo que nos induce a pensar en la carencia de un debate adecuado y con ello estamos obteniendo también respuesta para la tercera pregunta. En realidad, esa pregunta ya quedó suficientemente respondida en mi anterior escrito del pasado 9 de mayo.

En ningún momento se le ha visto al Rector voluntad de debatir el traslado, ya que piensa que es un tema de su exclusiva incumbencia y fácilmente aceptaríamos que así sería si sus consecuencias no afectaran a terceros, ciudadanos e instituciones. Entonces su "autonomía" deja de ser plena y debe responder de sus decisiones ante la sociedad.

El mismo diario, con motivo de la conferencia ofrecida en Mieres por el profesor Puyol, exrector de la Complutense de Madrid, publicó el día 17 de julio una reseña que recogía la pérdida de alumnado preuniversitario de la cuenca del Caudal, que había pasado de 341 alumnos en 1999 a 126 que se presentaron a la prueba EBAU en 2022 incluyendo, como la anterior, Mieres, Aller y Lena. Es decir, en 13 años esa cuenca ha perdido casi dos tercios de su población preuniversitaria. Seguramente estos sencillos datos nos acercan al verdadero problema: el deterioro gradual de la matrícula refleja el desinterés del alumnado por el Campus de Mieres.

Parece claro que Mieres no es el lugar geográfico adecuado para aumentar su Campus universitario (de hecho nunca debió ser creado). Su atractivo para los autóctonos es escaso como prueban las cifras antedichas y para el resto de los alumnos de otros concejos, Oviedo, Gijón, Avilés, Luarca... es crearles dificultades logísticas artificiales y desanimarles a elegir esos estudios que cambiarán presumiblemente por algunos de Gijón, único ganador de este conflicto que ha creado el actual equipo rectoral.

El Rector se manifiesta satisfecho del apoyo mayoritario a la mudanza, pero ¿apoyo de quién? Hemos visto que no tiene el apoyo de los ciudadanos. Solo tiene el apoyo de los propios órganos de la Universidad, que son órganos creados para el asentimiento; sigue empeñado en el concepto "autonomía universitaria", pero sus decisiones trascienden el ámbito universitario y le cuesta reconocerlo. Creo que podríamos hacer a continuación un ejercicio de imaginación pertinente al caso que nos ocupa.

Variemos la situación y supongamos que el Rector, con el informe que le prepara su equipo, toma la decisión favorable a la permanencia, es decir, contraria al traslado, y somete esa decisión al Consejo Social, al Consejo de Gobierno y a cualquier otro órgano universitario que sea preceptivo. ¿Considera el Rector que la respuesta de esos órganos no seguiría siendo de apoyo mayoritario, puede incluso que unánime, a la nueva postura planteada por usted, supuestamente de apoyo a la permanencia? Aunque la pregunta vaya dirigida al Rector, creo que todos podríamos contestarla y probablemente una aplastante mayoría daríamos la respuesta acertada.

La razón es que esa respuesta viene marcada por el tipo de instituciones de control que creamos para velar por el funcionamiento democrático de organismos esenciales, en este caso la Universidad. Esas instituciones, por su origen y naturaleza, serán aquiescentes con la postura adoptada por el Rector, sea cual sea, por lo que su apoyo es un apoyo vacuo y no añade calidad democrática alguna a una decisión esencialmente autocrática, nacida de la manoseada "autonomía universitaria", de modo que contar con ese apoyo no es como para alardear.

Los hechos se han presentado como un supuesto relanzamiento de la vida futura de la Ingeniería de Minas en su nuevo destino, Mieres, y de una liberación de espacio en Oviedo para otras titulaciones. Nada más lejos de la verdad. El Rectorado ha dispuesto de 20 años para apoyar a la Escuela en su actual ubicación; sin embargo, la ha menospreciado y no le ha prestado ayuda ni atención de ningún tipo. En realidad el traslado condenará a la extinción a la Ingeniería de Minas, sometida a las condiciones de la nueva ubicación, que por sí misma carece también de futuro porque no reúne las condiciones de población, logística, entorno, para triunfar como Campus.

Como antiguo alumno de la Escuela, es doloroso para mí asistir a su final programado, sin razones de peso por las que ese final deba producirse. También lo es como simple ciudadano que no ha encontrado en las autoridades municipales una respuesta firme, categórica, y sostenida, en defensa de su permanencia en nuestra ciudad. Asuntos como La Vega o el Cristo tendrán mayor importancia y visibilidad, pero prestarse a la desaparición de Minas quizá tenga connotaciones negativas para el equipo de gobierno, porque las tiene para la ciudad y para los ciudadanos.

En cuarenta años nuestros políticos no han sabido crear instituciones democráticas, donde las decisiones se alcancen a través del debate abierto y libre entre personas conocedoras de los problemas, única garantía de llegar a las mejores soluciones. Por ello, en este tiempo de rudimentaria democracia, instituciones diversas, como la Universidad, no tienen espejo donde mirarse, ya que la pobreza democrática política que nos rodea invita a no levantar la cabeza, pero uno esperaría de la Universidad, organismo noble donde los haya, una postura más clara, más abierta y más justa con la sociedad que la cobija. La Universidad encierra mucho saber, es triste que en su mejora continua no haya sabido edificarse para ser ejemplo, enriquecer el medio y ser ella misma el necesario espejo donde se miren nuestros poderes políticos.

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