A don Manuel, en su jubilación
Aún no hace un mes que dejó su cargo, y ya lo echamos de menos. Los jueves sin Mártires no son lo mismo.
Llegaba hace 57 años un cura joven y, según tengo entendido, muy guapo, a hacerse cargo de las parroquias del Valle, Gallegos, Cenera, Valdecuna, con Mártires incluidos. Los tiempos aquellos no debieron de ser fáciles, pero él, con su talante conciliador supo llegar a la gente y ganarse su cariño y respeto; compaginando su vida laboral, siendo profesor de Religión en el Instituto Bernaldo de Quirós, en Mieres.
Fue especial hasta para nacer; lo hizo un 29 de febrero, bisiesto claro, y como él con mucha gracia dice: "Cumplo cada cuatro años".
En el año 2020, poco antes de la pandemia, celebraba su 80.º cumpleaños. A finales del 2021, corrió como reguero de pólvora la noticia de que don Manuel estaba en el hospital, pero nada, una pila nueva y a recuperarse del golpe, que como él decía, fue lo peor. Pero fue a reponerse a Oviedo, cerca de su familia y amigos, y en la capital se encontró bien; el cambio era para mejor, y ya empezaron los rumores, que no volvía más, pero él, nada más que se encontró bien, volvió para hacer las cosas como él sabe hacerlas, y así terminar lo que había dejado. Dio la comunión a los niños de Valdecuna, siguió los jueves en los Mártires, celebró San Cristóbal en Cenera, tuvo que despedir por desgracia a algún vecino, y una vez el deber cumplido salió por la puerta grande, como los buenos toreros.
Ahora, como él muy bien dijo: "Me he ganado un buen descanso". Deja el listón muy alto y un vacío difícil de llenar; aquellas misas con alguna ironía de las suyas que nos hacían reír a todos y alguna reprimenda que nos ponía firmes, que de todo hubo. Ya no vemos pasar su Volkswagen rojo ni lo vemos desayunar en Santullano y comprar el periódico; ni aquellos jueves con mis rosquillas y los bartolinos de Oviedo. Los chistes con su gracia contados, ni las clases de Religión y Latín, con don Paracleto. Se jubiló como él, sin pedir nada, sin ruido, con humildad y con su sarcasmo dijo "no quiero homenajes porque no habría sitio para tanta gente".
Y yo le digo: pues es verdad, don Manuel, no habría sitio. Pero creo que una despedida sí se la mereció, y desde estas líneas quiero hacérsela llegar. Nosotras y me consta que mucha gente más queremos desearle una feliz jubilación, salud en su nueva etapa, que disfrute de las comodidades en la capital y cuando hiele y nieve que piense "que estoy bien aquí".
Nosotras estaremos muy contentas sabiendo que es feliz; se lo ganó.
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