Sánchez en Ecuador, Honduras y Colombia
La Asociación Pachakuti ha enviado una carta con ocasión de la visita del presidente del Gobierno a estos tres países.
Pedro Sánchez en Honduras, Ecuador y Colombia.
Es trascendente el viaje del presidente del Gobierno español, tanto si los motivos responden al enunciado oficial (preparación de la Cumbre Iberoamericana de marzo en Dominicana) como si son otras las previsiones del Ejecutivo y las agendas pactadas con los gobiernos de Colombia, Ecuador y Honduras.
Las relaciones diversas, comerciales (ya que va acompañado de representantes de las poderosas empresas de matriz española), pero sobre todo “las otras”, culturales y políticas, que engloban la defensa de los derechos humanos y los planes y acciones para enfrentar el desastre climático, ojalá que no solamente pongan frases retóricas en los encuentros, sino que formen parte esencial de los compromisos nuevos a adquirir.
En Honduras Pedro Sánchez se va a encontrar con la primera mujer presidenta de su historia, que además proviene de un “proceso” en que el golpe de Estado de 2009 cuando su marido era el presidente constitucional produjo el cierre de nuestra embajada por pocos meses (con otro gobierno en la Moncloa, como pudo comprobar la delegación asturiana que viajó a pocas semanas del golpe), y la posterior recuperación de todas las relaciones con los golpistas y sus continuadores.
Xiomara Castro ha tomado posesión en enero en un acto de masas impensable en nuestras tierras en el Estadio Nacional de Tegucigalpa, y ha relevado al único presidente de la historia hondureña que gobernó por dos periodos, el cual de forma inmediata ha sido entregado a EEU U por una acusación de narcotráfico.
El país de Lempira, Morazán y Berta Cáceres, aunque tenga un gobierno de impronta refundacional y progresista, está signado por años de entrega de territorios y recursos a poderosas mafias extranjeras, a cuyas prácticas no son ajenas las corporaciones empresariales.
Acompañar al Gobierno catracho en su intento de hacer respetar el Estado de derecho (es decir, sin control territorial de las narcomafias), encontrar elementos para hacer cumplir con los derechos elementales, incluyendo el desmantelamiento del robo de territorios garífunas, lencas y de otros pueblos originarios, y dialogar en torno a nuevas políticas que ya no sean de ningún tipo colonial o neocolonial, en el país “de las honduras”, podría contribuir, también, a otro tipo de relaciones con el conjunto de Centroamérica.
“Despierta, humanidad, ya no hay tiempo…” es una de las frases de Berta Cáceres al recibir el premio “Goldman” ambiental: un consejo y grito indígena del pueblo lenca de Honduras que nuestro jefe de Gobierno debiera escuchar de nuevo de su familia y organización para ponerlo en práctica contra el destrozo de la naturaleza.
En Ecuador el séquito empresarial del presidente del Gobierno español, además de encontrarse en aparente acomodo con el lenguaje de su presidente banquero, no debiera obviar que hace muy pocas semanas ese Gobierno de Lasso ha estado a punto de derrumbarse ante una (otra) potente movilización protagonizada sobremanera por el movimiento indígena.
Y que fruto de dicha movilización son las mesas de negociación en curso entre ese movimiento originario y el Ejecutivo con la intermediación de la curia eclesiástica: aunque tal diálogo sea interno en sus cometidos y contenidos, su alcance puede llegar a las relaciones de respeto para con los territorios ecuatorianos, muchos de ellos afectados por empresas supuestamente españolas, lo cual debiera ser revertido de inmediato atendiendo a la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU, o al Convenio 169 de la OIT, suscritos ambos por nuestro país.
Como autoridad de los pueblos y nacionalidades indígenas sería deseable una audiencia concreta con Leonidas Iza, presidente de la CONAIE.
En Colombia la agenda del Gobierno publicada indica que se estrena con un foro empresarial organizado por las cámaras de comercio de aquel país bolivariano y la española.
¿Es verdaderamente el asunto más “urgente” para nuestro país y para los tiempos de cambio enunciados en Colombia?
¿No hubiera sido mucho más pedagógico (e indicativo de tiempos novedosos) el comenzar a practicar otro tipo de diplomacia, donde los derechos humanos, la paz que el Gobierno de Petro-Francia se ha comprometido a negociar, y la defensa estricta y concreta de las vidas de los numerosos líderes sociales asesinados en Colombia (para que dejen de ser una cifra terrible cotidiana) formen la parte prioritaria de la visita?
Deseable sería que en los tres países nuestro Gobierno comprometiera y dialogara en torno a un aumento de la cooperación internacional al desarrollo.
Pero mucho más todavía que en los tres países los negocios, inversiones y obtención de materias primas por parte de empresas españolas dejaran de suponer daños a los territorios, a los pobladores, al medio ambiente y a la soberanía de Honduras, Ecuador y Colombia.
Para ello Pedro Sánchez bien puede comprometer a su Gobierno en apoyar el “instrumento” que se negocia en NN UU sobre empresas y derechos humanos (Trabajo Intergubernamental de la ONU sobre Corporaciones Transnacionales y otras Empresas, IGWG), o bien apoyar, ya que no quisieron hacerlo antes ni él ni Rajoy, la Declaración de Derechos del campesinado de 2018, así como otras herramientas del derecho internacional que han sido obviadas en beneficio de la avaricia insaciable de algunos empresarios sin escrúpulos.
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