Democracia participativa
La democracia participativa es un ideal que hay que lograr. Sin embargo, algunos miembros de un partido político en Gijón desean elecciones primarias para poder elegir la candidatura a la Alcaldía e, inexplicablemente, hay desacuerdos. No entro en la intención moral de unos y otros, digo que hacer elecciones primarias debe ser normal. ¿Por qué no quieren hacerlas? La respuesta de algunos es que hacerlas debilita al partido ante el proceso electoral que se abre ante los ciudadanos. Y he ahí la razón principal de este escrito: se reconoce que los ciudadanos no estamos acostumbrados a ejercer nuestra libertad individual porque nos mantienen comprimidos unos contra otros en igualdad de criterios, sin valor para opinar libremente y ser desiguales, con miedo a la soledad si somos señalados como inconformistas. No solo no existe ejemplaridad de respeto a la libertad individual por la parte política, sino que ese miedo nos niega la democracia participativa y nos acerca al totalitarismo populista. No apreciamos que el inconformismo es la manifestación intelectual de la libertad individual, siendo lo primero que el totalitarismo desea y necesita eliminar. Ocurre que aquellos que alcanzan el estado de “confort” de la flotabilidad del corcho y de la nata quieren una sociedad adormecida que les permita mantener su cómoda flotabilidad. Los otros quizá quieran adquirir el mismo estado de “confort” para sí, pero eso no es lo relevante: lo relevante es que debemos acostumbrarnos a ejercer la libertad individual. Esa libertad que permite elegir: no solo a la cúpula directiva, sino también realizar primarias para decidir qué persona debe gobernar la sociedad para procurar su bien general y no el bien particular del partido: que de eso se encargará su secretario general. He ahí el meollo: si el secretario general del partido es quien decide la candidatura a gobernar: ¿acaso no intentará que sea la mejor para el bien particular del partido (su obligación) menospreciando el bien general de la sociedad? No sería entonces posible que los ciudadanos (viendo el malévolo resultado) decidan en las próximas elecciones cambiar de partido. Entonces se vería que la elección por la cúpula es estúpida, pues acaba perjudicando al partido y a la sociedad. ¿Acaso no son los afiliados a un partido una representación de la sociedad que se aglutina libre (únicamente limitación de estatutos) para buscar colectivamente aquello que se considere bueno para la sociedad y de ahí el derecho a unas primarias? La falta de ejemplaridad política ha adocenado a la ciudadanía.
Hay dos tipos de democracia participativa: la que sirve para avanzar (que se ha deseado antes) y la que sirve para adocenar y detener todo avance, y que es como la hélice de un barco mal diseñada: agita el agua con gran consumo de potencia y energía, y, sin embargo, el barco no avanza. Es nuestra realidad: el agua hervir hierve, pero el café no sale.
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