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Incendios criminales

4 de Noviembre del 2022 - José Antonio Llano Tirador (Oviedo)

Yo siempre tuve a los incendios una aversión total, quizá porque mi padre así me lo inculcó y porque me tocó participar en la extinción de muchos, unos mayores que otros pero todos desagradables. Antiguamente no intervenían helicópteros, aviones ni medios terrestres especiales; eran los vecinos los que acudíamos con rapidez y decisión, y nunca como ahora se quemaba esa enorme extensión de hectáreas.

También influiría el que en los diez días anteriores a mi nacimiento ocurrieron en el pueblo dos casos muy penosos. El primero, la quema intencionada de la capilla de San Agustín, patrón del pueblo, a pocos metros de mi casa, y el segundo, a los cuatro días, provocado por una quema de rastrojos mal apagada que, con un posterior vendaval del sur, provocó un incendio que, con el viento a favor, llegó hasta mi barrio, lindante con bosque y monte común. Acudieron los vecinos de todo el pueblo, las mujeres acarreando cubos de agua de un manantial cercano y los hombres apagando los conatos de incendio que se producían en casas, hórreos, cuadras y pajares. Todo en plena noche y sin luz en el pueblo. Terrorífico pero el pueblo se salvó de lo que parecía un castigo, como decía el menos creyente del pueblo.

¿A qué se deben incendios tan graves como los que ahora padecemos y qué hacer para tratar de remediarlo? Los que hemos vivido en el campo y tenemos mucha edad la respuesta la tenemos clara: el abandono del medio rural, donde quedan poco más que los jubilados y como consecuencia el total abandono del monte.

Antiguamente, y me estoy refiriendo más de cien años atrás, estaban cubiertos de ovejas, cabras, vacas y caballos de los pueblos cercanos. Incluso como dos vecinos de mi pueblo que tenían también un pequeño rebaño de cameros castrados que producían mucha lana y carne de gran calidad. "De la mar el mero y de la tierra el camero". Yo todavía conocí algo de esto, hoy totalmente desaparecido aquí en Asturias si exceptuamos la alta montaña, donde algo queda todavía. Esto terminó y no volverá porque, entre otras cosas, estos gobernantes que nos dimos, que para dar una en el clavo dan varios en la herradura, quieren repoblar el monte español con lobos, dicen que para salvar el ecosistema, fauna y medio ambiente; y luego, como en el monte no quedará para depredar, bajarán al llano, que ya sabemos que en Asturias hay más bien poco, y atacarán al ganado que hoy pasta y duerme tranquilamente en el prado, incluso entrarán en las estabulaciones si lo ven posible. Cómo se nota que estos "mandantes" que tenemos, del campo, al igual que de otras muchas cosas, conocen más bien poco. Los calificativos que se merecen me resisto a expresarlos, son muy fuertes, mejor me callo. Pero antes mi opinión: repoblar con lobos el monte español es darle la puntilla al mismo.

Hay quien dice que tener limpios los montes costaría menos que lo que hoy dedicamos a apagar estos criminales incendios. Cómo se nota que no tienen pateada la extensión de un monte, y ya no digo la del asturiano, y me olvido la del español. No hablo de manejar una desbrozadora u otro apero manual, que para maquinaria pesada la mayoría del monte español, y menos el asturiano, no es apta. No hay además ni presupuesto ni personal para ejecutarlo ni lo puede haber. Sería astronómico. Buenos cortafuegos y limpiar lo que se pueda, muy bien. Pero si no se llenan de rebaños, que eso no va a ocurrir, de poco va a servir. No sería solo desbrozar, habría que eliminar los rastrojos. Quemarlos allí, costosísimo, y más peligroso que dejarlo tal cual. Sacarlos del monte, otro gran problema, se podría hacer en uno, pero a nivel general sería descabellado. Además, en muy poco tiempo tendríamos que repetir la operación.

Ahora ya está calando la idea de llenar los montes de cabras para que vayan desbrozando y limpiando, y luego ya podrían ir entrando ovejas y otros animales. Lo veo posible, pero sería un proceso muy largo, y nos encontraríamos con otros muchos problemas; en el campo español no hay gente joven. Sí la hay en las ciudades, pero si a pesar del enorme paro juvenil, los bares y hoteles tienen problema para contratar camareros, cuántos estarían dispuestos a enrolarse de cabreros, con unos ingresos seguro que inferiores, un horario de trabajo muy superior, y sin días ni vacaciones para el descanso y una vida a la intemperie y solitaria. ¿Quién estaría dispuesto? Ninguno; bueno, solitaria no, tendrían al lobo acechando de compañero inseparable.

Costosísimo también, pero veo mejor un ambicioso plan de repoblación forestal con buenos árboles autóctonos como el nogal, castaño, robles y hayas en todo terreno común o particular no apto para cultivos o pasto. Donde estos no se desarrollen ya adecuadamente, eucalipto y pino. Luego los grandes haberes que se generarían repartirlos anualmente entre todos los españoles. Nadie quema un monte que es suyo. La inmensa mayoría de incendios son provocados por el hombre. Un fuerte aumento de los equipos de extinción, máxima rapidez y fuerte envío de efectivos; ahí está la clave del éxito.

La riqueza, trabajo, protección del suelo, lucha contra la desertización, regulación del caudal de ríos y manantiales, mejora del clima, contaminación atmosférica y paisajística serían extraordinarios.

A los políticos les recomendaría visión a medio y largo plazo. Hoy más bien parecen miopes que solo generan leyes, normas y acciones a muy corto plazo, y que se creen que les generarán votos en las elecciones más próximas.

José Antonio Llano Tirador

Oviedo

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