Ucrania abraza la oscuridad
Me respingo cuando recuerdo la brutal respuesta de Madeleine Albrigth, la entonces secretaria de Estado de EE UU, cuando, interpelada sobre el "asesinato" de medio millón de niños en Irak, dijo: "Esta fue una elección muy difícil, pero creemos que el precio valió la pena". Medio millón de niños y ¡valió la pena!
Vistos los antecedentes de otras "incursiones" norteamericanas, si la invasión de Ucrania por parte de Rusia hubiera sido estilo EE UU, no habría agua potable, ni carreteras por las que se pudiera circular, ni trenes, ni luz, ni internet, ni estaciones de televisión, ni radio, ni barcos de pesca, ningún agricultor podría cultivar sus campos, se acabó la industria, no hay suministro externo posible, etcétera.
Impedimos a los rusos que suministren gas para echarles la culpa de que no suministren gas, mientras son los propios rusos quienes, para justificar acciones tan demoniacas, autobombardean la central nuclear de Zaporiyia, hacen estallar sus propios oleoductos de Nord-Stream y, no contentos con ello, autosabotean el puente de Kerch que une Rusia con Crimea.
Solo los rusos están así de locos disparándose a sí mismos, destruyendo sus tuberías y volando un puente de indiscutible valor estratégico para ellos, compungidos, tristes y culpables, incapaces de digerir la última "broma" de Zelenski pidiendo a la OTAN que "lance un ataque nuclear preventivo contra Rusia". Por cierto, parecida retórica bélica de nuestro compatriota Josep Borrell: "Todo se resolverá en el campo de batalla".
Mientras, el presidente Biden murmura tonterías como si fuera un jefe de la mafia que deambula por las calles en pijama y pantuflas, pensando si derrotar a Rusia congelando y matando de hambre a los alemanes, a los austriacos, a los polacos...
Al mismo tiempo, los psicópatas gobernantes europeos, sumisos vasallos de EE UU, asumen que debemos pagar más por todo lo que consumimos, epidemias invernales, ducharnos con agua fría, no defecar ni orinar con tanta frecuencia, ni usar la cadena, abastecernos de suministros de emergencia, ahorrar electricidad y gas, acoger a millones de inmigrantes... ¿Y los niños, ancianos, personas discapacitadas y enfermas? No importa.
El objetivo es obvio y todo el mundo lo ve. Resulta evidente que los luchadores por la libertad y la democracia (Biden, OTAN y Zelensky) están alentando, entrenando, financiando y dirigiendo abiertamente a mercenarios y tropas ucranianas para llevar a cabo una guerra destinada a matar soldados rusos y sacar a Putin del poder, con el inhumano daño colateral de miles de vidas inocentes de civiles ucranianos "elegidos" para la ocasión. No importa.
Cuando esto pare, si es que para, los "vencedores", calculadora en mano, echarán cuentas del botín y nadie se acordará del precio brutal e insoportable para esos niños, mujeres y ancianos mutilados o muertos por la ambición desmesurada de robotizados belicistas sin alma, en uno y otro bando.
Saludos cordiales.
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