Totalitarismo rampante
Desde que los homínidos encontraron que con un hueso podían romper otro para obtener el apreciado tuétano, y descubrieron luego la posibilidad de matar con él, tuvieron claro que ese poder permitía establecer la propiedad sobre todo aquello que no pensaban compartir, a no ser que los demás se sometiesen. Siempre ha ocurrido igual: el mal uso del desarrollo científico y tecnológico conduce a hecatombes y crisis económicas que llevan a la gente a la desesperación. Esa desesperación hace sentirse a las personas alienadas: "Nada de lo que hago es mío y ya no soy ni de mí misma". Entonces se convierten en una masa en busca del salvador que las aliente a matar a su perseguidor, lo que las llevará al totalitarismo de la ira o de "izquierdas". Es entonces, cuando el poder perseguidor, ante tal amenaza, se trastoca en salvador y alienta el miedo en otras personas hacia esa ira, proveyéndolas de un líder que las lleva al totalitarismo del miedo o de "derechas". La política de enfrentamiento entre la ira y el miedo lleva a su continuación por otros medios y aparece la guerra: civil, de naciones o mundial (sobrados ejemplos ha habido hasta llegar a la actual guerra en Ucrania). Si no evitamos la desesperación, no evitaremos el totalitarismo: las víctimas y el victimismo engendran el totalitarismo.
El totalitarismo es un sueño de inmortalidad en masa (en base a la igualdad o al nacionalismo) que lleva a las personas a aceptar el autosacrificio de su única personalidad en bien de esa inmortalidad clónica o histórica. Sin embargo, si se acepta la libertad individual propia y la del otro, se acepta la mortalidad que da paso a la innovación y a la diversidad de la progenie. Si se defiende la libertad individual ya nada es nuestro: nuestros logros serían la herencia para nuestra progenie (diferente generación tras generación) y usaríamos el tiempo para progresar. ¿Qué deberemos dejarles?: el concepto de inmortalidad colectiva identitaria o el concepto de mortalidad con defensa de: la libertad individual, la innovación y la diversidad. Desde este sentido, no podemos despreocuparnos del totalitarismo que sacraliza la venganza, santifica la guerra, y condena a muerte al infiel porque no acepta sus normas de uniformidad. Créanme: caer en el totalitarismo es cosa fácil propia de la gente común. Lo describe Leonard Cohen en "Todo lo que hay que saber sobre Adolf Eichmann" ("Flores para Hitler") y lo argumenta Hannah Arendt en "Eichmann en Jerusalén" (o la banalidad del mal).
Este rampante totalitarismo aparece porque, siendo prescindibles para el poder, este nos deja sin posibles para la libertad individual. Siendo inteligentes, en las elecciones, ni nos consideraríamos víctimas ni apoyaríamos al victimismo, seriamos la estimada libertad individual que, esperanzada, sin miedo y sin ira, va en contra del peligro totalitario.
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