Se está tensando demasiado la cuerda
Son ya muchos siglos los que han pasado desde que los griegos impulsaran la democracia, un sistema político que se considera el menos malo de los posibles pero que requería una urgente revisión porque no ha evolucionado al compás de los cambios y de las necesidades sociales.
Ante este panorama uno se pregunta si nos gusta que nos manejen o si tenemos muy poca imaginación, porque resulta difícil entender que estando como estamos cada vez más alejados de la política, no surjan alternativas con formas de gobierno más eficaces, solidarias, justas y participativas.
Es evidente que la actual fórmula de partidos solo propicia el ansia de poder y, en consecuencia, intereses, corrupción, injusticia y desigualdad, lo que está generando una peligrosa desafección jurídica y la pasividad ciudadana que asiste impotente a los atropellos de todo tipo que tiene que soportar.
Es poco consuelo entregar el voto cada cuatro años sabiendo de antemano que solo va a servir para apuntalar alguna fuerza política que, lejos de representarnos, va a representarse a sí mismo y a los suyos, a los de su cuerda. Una cuerda que se puede llegar a romper en mil pedazos y no habrá quien la recomponga.
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