Carta abierta a la ministra de Trabajo y Economía Social
Hola, Yolanda, bienvenida a Asturias. Aprovechando que ha estado estos días por mi tierra, y si me permite la parodia de su ya famoso latiguillo parlamentario, "le voy a dar un dato, señora Díaz".
Un dato que no he visto reflejado, claramente al menos, en los medios que cubrieron su esperada visita: en las tierras asturianas que limitan con Lugo, hablamos la lengua gallega, esto es, la suya, con las variantes locales pertinentes, como es de esperar, entre nuestra terra eonaviega y su Ferrolterra natal. Y no nos sentimos, por ello, menos asturianos.
Es posible que usted ya estuviese al tanto de este asunto; también puede ser que no, pues al fin y al cabo es ajeno a su apretada y notable agenda política y ni siquiera de interés prioritario para los ciudadanos, incluidos bastantes de los propios hablantes. Claro que, como una de sus visitas ha sido a la Academia de la Llingua Asturiana en apoyo animoso a la oficialidad de esta lengua, podría esperarse que los responsables académicos la hubiesen puesto al día acerca de esa inopinada dualidad lingüística del Principado. Quizá no hayan tenido tiempo, pensará.
Pues siento desanimarla con el correspondiente contradato: sus socios del Gobierno asturiano llevan muchos años haciendo caso omiso de la situación expuesta, pues ni respetan ni reconocen nuestra galleguidad lingüística, nombrando y sosteniendo a esa academia como agente responsable de una campaña de desinformación y normalización improcedente de nuestras hablas que las somete a la condición de subalternas del asturiano, contradice los propios postulados científicos de esa institución y niega a nuestra lengua hasta su propio nombre. Como ve, no es oro todo lo que reluce.
Las noticias de prensa relacionadas con su paso por la docta casa no hablan para nada, sin embargo, de la existencia de dos lenguas autóctonas en conflicto, solo hacen referencia a la llingua asturiana, como es frecuente por otra parte. Pero no le extrañe, la nuestra es oficialmente materia tabú amparada en el silencio y el ninguneo constantes con el único fin de negar lo innegable. Claro que no hay ninguna razón para que haga caso por las buenas a un desconocido como yo, faltaría más; espero que tampoco a trapalleiros ocasionales. Pero sepa que ese dato no es mera opinión mía sino la confirmación científica de los lingüistas al respecto. Dicen las buenas lenguas que de pequeña quería ser usted filóloga, así que considérelo una buena ocasión para acercarse a ello si lo ve oportuno y, en lugar de fiarse de lo que le cuento o cuenten, acuda a fuentes solventes para informarse por sí misma, si no lo está ya: la RAG o el ILG en casa, la propia ALLA visitada o la Facultad de Filología en Oviedo, la RAE en la capital, o cualquier otro organismo especializado que sea de su gusto.
Con su emergente plataforma política dice usted estar en un inicial "proceso de escucha". Esa es la intención de esta misiva personal: que me escuche, se informe de la realidad y obre en consecuencia aplicando correctamente esa que usted llama "herramienta de la gente común". No sé si le servirá para Sumar, mas la sinrazón suele funcionar como un peligroso sustraendo, ¡vaiche boa!
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