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Un Día de Asturias y más

13 de Octubre del 2022 - Manuel Sánchez Terán (Gijón)

En la historia reciente de nuestro país, concretamente en los últimos 40 años, ha habido una generación de políticos que se han perpetuado en el poder impidiendo, en no pocas ocasiones, la alternancia generacional, además de utilizar este como si de una puerta giratoria se tratase para ir pasando de un cargo a otro e ir coleccionándolos.

Es el caso del Sr. Trevín, además, coincide con un buen número de ellos en dos comportamientos más, considerarse genuinamente de izquierdas –aunque las palabras disten de los hechos– y reescribrir la historia e intrahistoria de manera interesada y partidista.

Ya que se ha referido, faltando a la verdad, a un capítulo que nos afecta como Colectivo Despedidos Duro Felguera y que cataloga de “intrahistoria”, entendemos oportuno recordar algunos episodios vividos y en los que tuvimos que enfrentarnos a decisiones asumidas por D. Antonio en el poder.

Aquel Día de Asturias del año 93, tras tener conocimiento de forma un tanto rocambolesca de que nos esperaban en el acto institucional de La Morgal con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, decidimos ir a su encuentro unas horas antes en Covadonga. Cuando nos vio allí, supo el Sr. Trevín que la visita era para él, aunque es el primer dato que omite en su artículo, pues era conocedor y partícipe desde hacía tiempo del alcance de aquel atropello empresarial, político y sindical en forma de despido libre colectivo.

Dice en su artículo que llegó con tiempo suficiente, nosotros estábamos desde las 8 de la mañana cuando la “santa” se encontraba sola en el centro de la basílica, incluso llegamos a pensar que estaría mejor en los talleres de Barros con nosotros. Durante la procesión, algo más que nervioso, tuvo la oportunidad de disipar todo tipo de dudas de por qué y quiénes estábamos allí al acceder de la cueva a la gruta detrás del arzobispo Sr. Merchán, que iba mucho más sereno y seguro, nos encontró encadenados a las puertas de la verja a un compañero y a mí, segundo dato que omite, tanto a la entrada como a la salida le repetimos lo que siempre le intentamos exponer y no pudimos puesto que nunca se dignó a recibirnos.

Hay algo que corrobora lo que he expuesto al inicio, y es cuando falta a la verdad, ninguna representación del colectivo pidió reunión alguna con el Arzobispo en Covadonga ese día. Ya la habíamos tenido cuando él abandonaba la gruta para ir a cambiarse de ropa, se giró y nos dijo: “Hay que negociar”. Le respondí: “¿Con quién?, a nosotros no nos reciben y nos están traicionando, ¿quiere documentación?”. Él asintió y concluyó: “Prepárela y hágamela llegar”. No necesitábamos pues nombrar delegación alguna, ni pedir reunión con él y menos en los términos que expone en su artículo. Comentarios graciosos hubo, sí; la “santa” no nos tendría en cuenta aquello, puesto que no solo lo entendía, nos apoyaba. No era necesario pedir perdón.

Cita “los renglones torcidos de Santa Teresa”, ya que lo menciona, probaremos que usted siempre apostó por los torcidos sin remisión, aunque en el documental que se hizo sobre nuestra causa, trufado de sesgo y tendenciosidad, le dieron cancha para que una vez más dijera todo lo contrario a lo que hizo: “Siempre estuve por la negociación”.

Pues bien, daré solo dos datos más para no extenderme mucho. Tan solo dos meses después del Día de Asturias, noviembre del 93, sin querer escucharnos ni recibirnos, usted apoyó incondicionalmente el intento de solución a un conflicto laboral más sonrojante que hayamos vivido en estos 50 últimos años, 3.000 antidisturbios de todo el Estado, con nocturnidad para que no hubiera testimonios, nos arrasarían y resuelto el problema. La cosa se alargó, ya sabe, y durante meses la ocupación y las palizas lo siguieron intentando. Absolutista idea de negociación la suya.

Tres meses después, febrero del 94, D. Antonio sigue sin querer escucharnos ni recibirnos, se confirman no pocas razones por las que estábamos en lucha y resistiendo, intentando negar y ocultar lo que en poco tiempo se confirmó: uno de los accionistas de la empresa, el por entonces Banco Central Hispanoamericano, envía una carta al presidente del Consejo de Gobierno del Principado de Asturias, D. Antonio Trevín, en estos términos entre otros: “Sabes que cuentas con nuestra alta consideración y decidido apoyo… el buen entendimiento entre nosotros servirá últimamente para hallar en su momento, entre todos los que participamos en el proyecto, la solución adecuada al caso… no tomaremos unilateralmente decisión alguna que pueda perjudicar nuestros altos propósitos”. ¿Cómo nos iba a escuchar y recibir? Nunca estuvo por negociar, Sr. Trevín.

D. Antonio, sobran testigos y documentos, de todo tipo, para probar que usted falta a la verdad. Tanto en la historia como en la intrahistoria.

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