El duro invierno que viene
¿Quién está ganando la guerra en Ucrania? Hasta el más tonto lo sabe, EE UU. La supeditación europea a los intereses económicos y estratégicos de EE UU no solo tiene mucho que ver con la guerra en Ucrania, tiene mucho que ver también con la crisis inflacionaria y de la energía que estamos padeciendo y que podría agravarse el próximo invierno hasta el punto de que peligre la paz social, pues, a pasar de que los estados europeos, con el permiso de la Comisión, siguen regando a particulares y empresas con dinero fiat y engordando muy imprudentemente el déficit y la deuda, no se podrá imprimir tanto dinero de mentira y repartirlo como fondos europeos alegremente sin que la confianza en el euro, ya muy tocada, descienda aún más. ¿Cómo puede ser que el dólar, a pesar de que EE UU tiene una deuda de 30 billones de dólares y de todos los problemas acumulados de la divisa americana, cotice en paridad con el euro? Porque en estos momentos la confianza en la moneda europea y las perspectivas económicas de la zona euro son aún peores que las de USA.
La semana que termina ha servido para constatar que en Europa sigue imperando la locura. Lejos de hacer todo lo posible por acabar la guerra en Ucrania, algunos echan más leña al fuego, mientras anuncian ayudas milmillonarias para los más vulnerables, que empezamos a ser casi todos. En este sentido, las palabras de Borrell, que en vez de alto representante de Exteriores de la UE parece el secretario general de la OTAN, amenazando a Rusia con una respuesta nuclear y con aplastar a su ejército están muy lejos de la sensatez y de trabajar por los gravísimos problemas en que los gobiernos europeos y los burócratas de la Comisión nos han metido a todos. Han declarado la guerra a Rusia y actúan en consecuencia, pero esa declaración de guerra no ha pasado por ningún Parlamento. Vivimos ya, de facto, en una nueva dictadura continental donde la más grosera propaganda, la censura, la mentira y la ausencia de democracia ya son norma. Ursula von der Leyen, cuyo escándalo con las vacunas los medios se guardan muy mucho de ventilar, es la más impresentable de todos los impresentables y cada vez que abre la boca sube el pan. En este contexto de graves dificultades para millones de personas y para decenas de miles de empresas, no les queda otra que repartir el dinero que no tenemos al tiempo que se echa la culpa a Putin de todos nuestros males. Tan mentira cochina es que la inflación, que ya había en febrero, fuera culpa de Putin como que el presidente ruso nos chantajee con el gas. Han volado los gasoductos del Báltico para obligar a Europa, sí o sí, a tener que comprar el GNL estadounidense extraído por fractura hidráulica, transportado en metaneros y que luego tiene que ser regasificado, que cuesta, como mínimo, el triple que el gas ruso. A pesar de ello, Putin ha dicho que Rusia está dispuesta a servir a Europa todo el gas que solicite, bien con la única tubería que ha quedado intacta en el Báltico bien a través de Turquía, que podría convertirse en un gigantesco centro logístico de distribución de gas.
Hacía mucho tiempo que no había un asunto transversal (seguramente desde la guerra de Cuba) en el que la mayoría de los españoles estamos de acuerdo, independientemente de nuestra ideología, y es que la guerra en Ucrania y sus consecuencias y todo lo que está pasando, no solo como consecuencia de la guerra de Ucrania, no solo es por culpa de Putin. Quienes gobiernan en Europa, Reino Unido incluido, no parecen gente profesional, perecen aficionados que no están capacitados para tener sobre sus espaldas las responsabilidades inherentes a sus cargos y con cuyas ocurrencias están poniendo en serio peligro nuestra economía y nuestras propias vidas, son la nueva banda del azufre ¿Pondrá el duro invierno a cada uno en su sitio? Veremos.
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