Un cielo para Putin
Conocí en Madrid a Wladimir, un joven ucraniano que se lanzó en Gibraltar al mar desde un buque de guerra ruso. Vivió conmigo varios meses. No sé nada ahora de él, y cuánto le deseo que las cosas le vayan bien.
Era ortodoxo, pero nos entendíamos de maravilla. Solo que de Putin como del comunismo caído prefería no hablar. ¡Qué razón tenía!
Yo a Putin le desearía ahora un cielo muy alto, muy alto; aunque no el de los buenos. Muy arriba, muy arriba y lejos. Como un ciborg espectacular. Y además con unos cuernos de ciervo nórdico bien pintados (que en Rusia los pintan muy bien).Y que allí, lejos, lo pasase bien y nos dejase a Ucrania y a todos en paz. Ah, pero que no le pusiesen rabo, pues hoy hay gente que se enamora de cualquier cosa.
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