Despotricar contra Europa
Despotricar contra Europa es fácil: es popular y tiene buena acogida mediática. Por eso me estoy acordando de Galileo Galilei y su revolución, cuando se enfrentó al pensamiento simple para defender un pensamiento más complejo. Algo que años antes le valió la muerte en la hoguera a Giordano Bruno, condenado por el mismo juez inquisidor. Según Bruno, decir que la Tierra giraba alrededor del Sol era una idea científica que solo se oponía a la interpretación populista de las gentes, quienes podían observar durante el día que el Sol giraba alrededor de la Tierra y consideraban peligrosa la afirmación contraria. También recuerdo la discusión con un profesor de Pedagogía de la Universidad Politécnica de Barcelona que defendía (como método científico) que si muchos afirman algo tal afirmación sería verdad. Afortunadamente, otro profesor me hizo ver la postura de Karl Popper: la verdad es algo circunstancial y falsable.
Europa ha de estar atenta ante las dificultades y sus ciudadanos han de estar bien informados y prevenidos. Prevenidos porque los inquisidores de Putin, con el aval dogmático de China, despotricarán contra esa Europa democrática que desea renacer y que les hará sufrir. Esa opinión mostrará como obvio y populista que Europa tiene dirigentes estúpidos que solo apoyan intereses foráneos. Los medios, sometidos al mercantilismo, publicarán esas mayoritarias opiniones de verdad inquisitorial que no consideran su falsabilidad escuchando al minoritario contrario.
Josep Borrell, vicepresidente de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, es como Galileo un hombre del Renacimiento con un currículum académico y profesional altamente variado (consúltenlo en la Wikipedia), y, por tanto, muy lejos de la estupidez o de la dejadez de no sacrificarse y esforzarse por un Renacimiento de Europa que él mismo explica: "La prosperidad de Europa se ha basado en una energía importada de Rusia, en el acceso a bienes baratos importados de China y en una seguridad dependiente de EE UU desde los años 50 (...) Pero la fiesta se ha acabado (...) En el mundo diferente en el que estamos debemos ser tan autosuficientes como se pueda en energía, materias primas críticas, materiales raros, entorno digital y con mayor autonomía en defensa" (y también debería considerarse la producción de alimentos). Todo ello sin olvidar el pensamiento de Adam Michnik, que mira más allá de la verdad populista: "Los que proclaman el ocaso de Europa de forma camuflada protegen el declive de la democracia, y, por tanto, hay que oponerse a ellos a toda costa". Es decir, ese Renacimiento de la UE nunca debe pasar por la renuncia a la democracia participativa y a la libertad individual para sus ciudadanos, aunque exija sacrificios y esfuerzos.
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