¿Cómo se aprende a seguir viviendo cuando se te muere un hijo?
En el año 1975, nos trasladamos de nuestro pueblo a vivir a Gijón, concretamente al Nuevo Gijón. Allí vivimos mi marido, mi hijo y yo durante treinta años.
Con el paso del tiempo vas conociendo gente en la calle, en la compra, etcétera, de unas personas te haces amiga, por otras sientes aprecio, a otras las saludas con educación y así pasan los meses y los años.
Había niños de la edad de nuestro hijo, otros un poco más mayores, otros más pequeños, llega el momento de empezar al colegio y así nos vamos conociendo todos un poco mejor. Viene esto a cuenta de que hace unos cuantos días me comunicaron la muerte de uno de aquellos niños, 53 años tenía, un hijo que sus padres engendraron con mucho amor, que su madre parió con mucho dolor y al que siempre llevarán en su corazón y sus pensamientos.
¿Pero alguien puede decir a esos padres y a todos los que se les muere un hijo cómo se puede seguir viviendo? ¡Les arrebataron parte de su vida!
En este caso yo no sé dar consejos, solo pienso que, si hay una justicia divina, es muy injusta.
Ellos tienen que seguir viviendo hasta que el destino los lleve en su compañía, pero ¿cómo despertar cada mañana (si es que pueden dormir) con esa falta tan grande? Y los hijos, ¿cómo pueden vivir sin su padre? ¿Me lo puede explicar alguien?
Quiero mandarles nuestro sentido pésame, así como a tantos y tantos padres que pasaron por la misma situación. Dicen que las heridas curan, pero las cicatrices quedan para siempre; pero mientras las heridas no dejan de sangrar no se forma la cicatriz.
Las madres somos esas personas que llevamos a nuestros hijos nueve meses en nuestro cuerpo, tres años en nuestros brazos y toda la vida en el corazón.
Nuestra fuerza y mucho coraje. Descansa en paz, Rafa.
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