Educando en la desigualdad
Antes de la educación solo hay experiencias personales cuyas sensaciones nos impregnan. Cuando alguien nos enseña a darles nombres, aparecen las palabras. Quien nos dio las palabras que describen las experiencias, nos educa. Hay infinidad de palabras porque hay infinidad de desigualdades en las experiencias que queremos explicar con el idioma. Construimos frases con las palabras para describir una nueva percepción y lo que hemos sentido con ella. Al hacerlo, otros lo identifican como algo que ya tienen homologado o lo homologan como algo nuevo. La comunicación es eso: compartir palabras para que otra persona perciba lo que tú has percibido. Pero nunca es así, o nunca se puede asegurar que se tenga esa misma percepción, pues una homologación puede ser distinta a la otra. Sin embargo, con las palabras se podrá transmitir lo que se ha percibido a otras personas. Esa es la esencia en los seres humanos: usamos el tiempo para transferir experiencias y conocimientos. Y esa es la educación: palabras, pinturas, esculturas... Cultura.
En este universo la realidad que nos rodea es desigual: todo es distinto, todo cambia constantemente, nada hay exactamente quieto e igual, ni siquiera uno a uno mismo. Pero las palabras parecen describirnos algo singular que no cambia, y nos llevan a establecer igualdades sobre un conjunto enorme de objetos y pensamientos. Sin embargo, es esa una igualdad imaginada que persigue que objetos o pensamientos distintos se identifiquen como iguales. Además, la percepción del objeto y el pensamiento que se identifica como algo igual por las palabras es seguramente distinta entre aquellas personas que están de acuerdo en identificarlo como algo igual y común a todas ellas.
La educación es, por tanto, siempre algo desigual para cada persona, y cada persona aprende de forma diferente. Luego lo importante es seleccionar y agrupar esa diferencia educativa para que cada persona pueda desarrollar su máxima capacidad diferenciada de las demás. Sin embargo, el sistema educativo (por comodidad organizativa) no lo hace. Deja ese trabajo al docente en su relación diaria con el discente: algo que tampoco puede hacer dada la ratio de alumnos que tiene. Así que: nos basamos en criterios de igualdad y dejamos pasar el tiempo y los cursos, y pasan los alumnos de curso en curso sin ser analizados, examinados, seleccionados y orientados en la verdad de su desigualdad.
Ya este no es el mismo mundo, ya esta Tierra no es la misma Tierra, pero seguimos sin educar para la desigualdad.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

