Defendiendo la desigualdad
Si el terreno está nivelado, el agua no se desplaza, se estanca. Si tienes lo que necesitas, si tu nivel te satisface, no te esfuerzas, no te desplazas, te estancas. Por varias razones, no nos convienen las aguas estancadas, ni los vagos. ¡No solo porque huelen!
Eso puede servir para defender la desigualdad. Esa desigualdad que hace posible que el agua se desplace y la persona se esfuerce.
Podemos seguir defendiendo la desigualdad o diferencia de tensión o presión entre dos puntos. Esa diferencia de presión que hace que la sangre se desplace. O el aire, o el gas, o las cargas eléctricas. O las personas.
Lo vemos cada día. Si la diferencia de presión entre dos puntos aumenta mucho, el líquido o el gas, o la muchedumbre, se desplaza con tanta fuerza que puede producir daños. ¡Derribar vallas!
Resumiendo:
1. Hay motivos para defender la desigualdad: para no sepultar el esfuerzo, y para...
2. Hay motivos para trabajar en contra de la desigualdad excesiva: las roturas de los conductos. Los desplazamientos masivos y arriesgados.
3. Solamente hay una igualdad claramente defendible: la igualdad de oportunidades.
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