Los libros deberían estar al alcance de la mano
Cada vez que entro en mi nueva casa y veo la libreria vacía, me llevo una alegría inmensa. Es un mueble de esquina, blanco, inmaculado, que debería estar hasta arriba de libros pero que está vacío, completamente vacío. Tengo libros por todas partes pero ninguno en la librería, que me parece un mueble precioso así, como está, sin un solo libro.
Todo el mundo me pregunta que por qué no tiene un solo libro y suelo contestar en plan de broma que el saber no ocupa lugar. Y claro que lo ocupa. Lo ocupa tanto que un buen día no podré entrar en mi casa porque estará invadida de libros. Pero me resisto y me resistiré a tenerlos en un mueble que me encanta así, completamente vacío.
La verdad es que lo encargué para albergar libros pero me resisto a depositarlos en sus estanterías porque creo que los libros deben estar siempre al alcance de la mano, y si no lo están corren el peligro de pasar a mejor o a peor vida, según se mire.
Supongo que acabaré claudicando, porque no me queda otra, pero he podido vivir durante un tiempo rodeado de libros y disfrutando de un mueble que así, vacío, me encanta.
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