Vergüenza más que emoción
23 de julio de 1936: "La pasionaria ha sido detenida en Salamanca. ¡Pobre señora! ¡Cómo rememorará ahora aquellos tiempos de su juventud en que prestaba servicio en Somorrostro, cobrando dos duros por... toda clase de servicios"... "Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad, y a la vez a sus mujeres. Lo que estos hombres valientes han hecho está totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones".
Esta es la alocución de radio que el "Carnicero de Andalucía", ese día, desde Sevilla, para toda Andalucía, proclamaba. Es solo una más de tantas que se emitieron durante esos macabros días y que sirvieron de munición verbal para acompañar a los más 45.000 fusilamientos de maestros, obreros, campesinos, intelectuales... (entre ellos Federico García Lorca). Sirvieron también para justificar la matanza de civiles, niños y ancianos (más de 5.000) que huían por la carretera de Málaga a Almería, en lo que se conoce como la "desbandá" por tierra, mar y aire.
Queipo de Llanos fue el mayor genocida (después de Franco) que, hasta hoy, descansaba con todos los honores civiles y militares en la basílica de la Macarena de Sevilla. Han tenido que pasar 71 años para que la democracia española (con la oposición de PP/Vox) decidiera (¡y pudiera!) exhumar los restos de tal sanguinario.
Respeto y solidaridad es lo que siento por los familiares de las víctimas del verdugo (en su mayoría nietos/as) que, tras la exhumación, con lágrimas contenidas, han manifestado su emoción por el acontecimiento, que ha sido posible gracias a la ley de la Memoria, aprobada por el Parlamento. Pero mi sentimiento es más de vergüenza que de otra cosa.
Alemania e Italia (en Europa), Guatemala, Chile, Argentina, Brasil, Uruguay... (en América Latina), de una u otra manera han ajustado cuentas con su pasado negro, con su pasado fascista. España no. Porque el principal partido de la oposición, el PP (y ahora de la mano de los neofascistas de Vox), se ha negado sistemáticamente a acabar con los símbolos y pronunciamientos que recuerdan la pervivencia de aquel horror.
Vergüenza porque España sigue siendo el segundo país en el mundo (tras Camboya) en albergar el mayor número de fosas comunes del franquismo (2.382 registradas en el Ministerio de Justicia)
Queda mucho por hacer en cumplimiento de la ley de la Memoria. Lo del "Carnicero de Andalucía" era un tema de dignidad para los familiares de los 45.000 fusilados por el odio y para las víctimas inocentes de la "desbandá". Pero el PP ha anunciado ya que, si llega a gobernar, derogará la ley. ¿Se atreverá a devolver los restos de Queipo de Llanos a la basílica de la Macarena?
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