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La igualdad de los desiguales

6 de Noviembre del 2022 - Carlos Muñiz Cueto (Gijón)

Aparente paradoja, fruto de la tradición de la fraternidad: nadie debe sentirse más, ni menos, que otro: "...el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor". Esto nos ha llevado a construir sociedades libres con democracias participativas en estados de derecho: como ocurre en la UE. Donde estados desiguales buscan sentirse cómodos, unidos e incluidos en ella. Es precisamente la incomodidad en un mundo peligroso lo que nos lleva a constantes cambios en busca de mejorar las relaciones de inclusión: una palabra clave para el siglo XXI. Pero también hay equivocaciones como nos muestra la historia. Los historiadores y los periodistas son quienes deben analizar los hechos para prevenirnos sobre aquellos que, considerándose superiores a los demás, pretenden igualarnos en la inferioridad. Algo que solo la buena educación y la libertad de expresión e información pueden lograr evitar. Se podría decir, emulando la filosofía xhosa, que: "Todos somos desiguales, por tanto soy desigual, y dado que soy desigual, entonces todos somos iguales". Pero me temo que esa tradición judeocristiana y xhosa va perdiendo ante el colectivismo totalitario (otra posibilidad de eficacia). Por eso se necesita que la UE se apreste a la resistencia y a un renacimiento recordando el 9 de mayo de 1950: "La paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan" (Robert Schuman, 9 de mayo de 1950). Hemos de saber buscar la inteligencia que sepa darnos un buen futuro aprovechando la diversidad y huir de la pícara falacia que busca el totalitarismo aprovechando la confrontación social que aparece cuando los privilegiados exageran su desigualdad ante una infinidad de iguales en su precariedad. Entonces: "Ya no podemos dar la democracia por segura" (Joe Biden) y así llega el problema, y Europa debe aprestarse a que no le ocurra igual.

Europa ya ha perdido, simplemente por tener una guerra en su territorio. Una guerra que ha trastocado y trastoca la vida de sus gentes y hará mortal la situación frente al general invierno. Una guerra malvada entre naciones hermanas que pretende la victoria final de quienes no son contendientes en ese campo de batalla. Esta guerra ha logrado que Europa (con inclusión de Rusia y Ucrania) dejase de ocuparse de África y Sudamérica. Las cuales, abandonadas a otras influencias, entregan su corazón y sus pulmones a quienes las ayudan a crecer. Quien controle África y Sudamérica suministrándoles cómoda amistad por sus recursos controlará el mundo. La fiesta ha terminado, Europa ya ha perdido. Ahora toca resistirse a la cultura en la que el colectivismo totalitario es norma y el control impuesto total. Toca defender la cultura de la democracia participativa y la libertad individual de ser y existir desiguales. Toca no dar pábulo a quienes desprestigian a la UE, y recordar que: la diversidad triunfa, la excesiva desigualdad social se equivoca.

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