El covid debiera hacernos reflexionar
Durante un año, lo que va del mes de marzo de 2020 al de 2021, hemos sentido en nuestras propias mentes por primera vez a la muerte muy cerca, nadie estaba exento de contagio, de sufrir neumonía, de pasar por la UCI, de morir. Lo vimos de cerca en familiares, vecinos, conocidos y amigos.
Por primera vez sentimos la fragilidad de este mundo colectivamente. Debiera servirnos para ser mejores, más solidarios, más condescendiente y menos ególatras y avariciosos; pero no, enseguida olvidamos que nuestro paso por este mundo es fugaz, tanto, que hoy estamos aquí, mañana no se sabe. Pues es igual, seguimos pensando que viviremos para siempre, trataremos de acumular riqueza sin importarnos el vecino de al lado.
El empresario tratará de pagar lo justito o menos a sus empleados, los políticos a vivir ellos sin implicarse mucho en su responsabilidad, incluso los sindicalistas llegan a ser colegas de los empresarios, gobiernos y administraciones más que dedicarse a defender a los trabajadores. Los políticos juegan perpetuamente a campaña electoral, piensan en sí mismos, usan puertas giratorias, son polémica constante, no se dedican a lo urgente, solo a entretener con imprecisas leyes, normas o discusiones (memorias históricas, memorias democráticas, ley Trans, eutanasia y aborto a la carta, feminismo retrógrado...), mientras lo urgente: carestía de vida, acceso a vivienda, salarios decentes, residencias asequibles y dignas, guarderías para la conciliación laboral y familiar... todo eso cae en saco roto, nos tratan de imbéciles, nos dicen que nadie quedará atrás; en efecto, todos a la cola. Es tan fácil como ver las encuestas y preguntar a los españoles: ¿cuáles son sus preocupaciones? Esas serían, no otras.
Hemos construido una sociedad donde todo es interés personal. Pensábamos que nuestro Estado de bienestar y de derechos seguiría un rumbo potenciador, pero no, es tan frágil como la vida misma. Los ricos (empresarios, banqueros, deportistas, artistas...) evaden impuestos, juegan a economía sumergida, llevan su domicilio fiscal allá donde paguen menos, sus ahorros a paraísos fiscales; incluso las derechas les facilitan todo eso. Suelen decir: si les obligamos a pagar, se van con su dinero de España. ¡Pues que se vayan! Saben qué, nuestro sistema de bienestar no puede seguir recayendo todo sobre la clase media-baja; quien más tiene más debe pagar para sustentar este sistema de solidaridad entre personas y territorios. De ahí que, cuando Ayuso deja de recaudar por quitar impuestos a los ricos, el Gobierno central debe calibrar ese montante para descontarlo de partidas a competencias asumidas, de lo contrario, por ser capital, centro neurálgico y empresarial tiene a su favor una mayor capacidad de recaudación, dejar de percibir de quien más tiene, es insolidario con sus ciudadanos más pobres y con el resto de territorios.
Verdad que da para mucho más, pues eso. Debemos todos denunciar la dejadez de nuestros políticos. Son necesarios en cualquier democracia, pero comportándose decentemente.
Las huelgas como el feminismo no deben ser arma de reivindicación, tenemos a las fuerzas sindicales, empresariales y administraciones para que se entiendan, la justicia para cuando alguno de ellos se comporta contra los intereses de la colectividad; esas huelgas de médicos empeoran todo. Cuando hay por el medio desatención a enfermos, cuando hay muertes, es delictivo. Están faltando a su código deontológico. Sobre el feminismo no cabe más que decir que en España está de más, no hay un solo derecho o una sola oportunidad que asista a los hombres en ley y se les niegue a las mujeres. No perdamos el tiempo dividiendo, sumemos.
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