Irene Montero quiere hacerles cursillos a los jueces para que sepan dictar sentencias contra los hombres
El poder judicial no debe permitir ese señalamiento y falta de respeto hacia un poder independiente del Estado por parte de la ministra de Igualdad.
Que Irene Montero siga de ministra un día más, después de acusar a los jueces de aplicar mal una ley, es hasta delictivo.
Pone en tela de juicio la honorabilidad, profesionalidad, imparcialidad e independencia de los jueces. Todo desde un Ministerio regalado, impuesto por Podemos a Pedro por la necesidad de apoyo para gobernar.
¿Qué pretende esta niñata? Quiere en un cursillo corto, que lo que estudiaron los jueces durante tantos años, ¡fuera!, se olviden, ella los formará (así de carrerilla, en un santiamén) para que cuando juzguen casos de violencia entre sexos el sexo masculino jamás tenga defensa posible.
No se entiende de otra forma. Hay que ser muy osada para colocar a los jueces en la palestra por aplicar una ley que ella se sacó de la chistera sin asesorarse con profesionales de verdad de la judicatura.
No es culpa de esa ministra, Pedro Sánchez la consiente.
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