Una señora Soledad
No lo sabía, no había caído en la cuenta y ha tenido que ser Cristina, mi querida Cristina, la que me lo ha comentado como si tal cosa. Hablábamos de las ventajas y desventajas de vivir solo. De las ventajas de hacerlo cuando lo hacemos voluntariamente, cuando no queremos compartir el tiempo y el espacio doméstico, por una cuestión de supervivencia emocional, y de sus inconvenientes, que también debe tenerlos, aunque los desconozco.
Cristina me ha hecho pensar sobre esto. Le he dado muchas vueltas y he llegado a la conclusión de que soy un afortunado de la vida porque tengo la suerte de vivir solo y acompañado a la vez, porque mi soledad es una señora soledad, una soledad que no cambio por nada del mundo.
Una SOLEDAD así, con mayúsculas, con la que convivo en plena armonía desde hace tiempo porque nos damos libertad y nos profesamos mutuamente un profundo respeto.
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