Menos Mundial, más deporte base
La polémica persigue al Mundial de Qatar. Vulneración de derechos humanos, miles de muertes en la construcción de los estadios, sospechas de corrupción y amaños... Una situación a la que los países occidentales no estamos sabiendo hacer frente, ni siquiera de manera simbólica con los famosos brazaletes prohibidos. La solución parece no estar en nuestras manos ni en las de nuestros dirigentes. Pero sí que podemos hacer algo para que el futuro sea diferente. El deporte base es la solución a la homofobia, el machismo, el racismo y el odio. Porque no solo la familia y la escuela pueden educar en valores.
El deporte tiene un gran potencial para cambiar la sociedad. Pero no el deporte de élite. Esa capacidad transformadora tiene que venir desde el deporte base, con la profesionalización de los entrenadores y los monitores y con el impulso a programas de educación en los valores de la igualdad, el respeto y el compañerismo. El apoyo y la inversión de las instituciones públicas es fundamental para que los niños y niñas que practican deporte lo hagan en condiciones, no para ser el próximo Messi o la próxima Alexia. Sí para ser personas con valores, que alcen la voz ante las injusticias y que eviten otro Mundial como el de Qatar.
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