Independizarse, ¿una odisea?
Si le preguntas a la generación del Baby Boom, te dirá que siempre ha sido difícil independizarse, que, cuando existían las pesetas -por muy baratas que fueran en comparación al euro-, seguía siendo complicado conseguir la entrada para poder comprar un piso.
Sin afán de demeritar el esfuerzo que marcharse del hogar familiar suponía hace unas décadas; a día de hoy, hay un factor que obstaculiza esa meta: no tener pareja. La soltería o el no querer comprometerse con la pareja de esa forma dificulta la consecución de ese objetivo.
Hace varios años, la tendencia era casarse y después comprarse un piso. Actualmente, las bodas quedan relegadas a un segundo plano y la convivencia, en ocasiones, se hace por separado.
Por este motivo, cuesta el doble ahorrar para poder tener el monto requerido para la entrada y su consecuente hipoteca. El sistema, tal y como lo conocemos, no favorece la emancipación de los jóvenes y tampoco está adaptado a las nuevas generaciones, que, cada vez, son más independientes y prefieren hacerlo todo en solitario.
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