Superioridad moral
Lo de la superioridad moral de la izquierda es un concepto inútil, carente de aplicación a los políticos actuales.
Sí podemos relacionarlo con los Estatutos de aquellos partidos que promueven el reparto equitativo de la riqueza, las libertades, el estado de bienestar y de derecho, la solidaridad entre personas y territorios... Todos sabemos y vemos que no es lo mismo predicar que dar trigo. De ahí que debamos todos desenmascarar a los caraduras, aquellos que actúan diferente a los códigos éticos y de compromiso con el partido que representan.
Mientras la sociedad (familias, trabajadores, autónomos, pequeños empresarios...) las pasa canutas con la cesta de la compra, la luz, carburantes, vivienda, listas de espera en sanidad, salarios precarios... No puede nadie en nombre de la izquierda presumir de superioridad moral.
Repetir obviedades es no tener muchos argumentos morales, se debe respetar a todo aquel que no piense igual a ti, los argumentos marcan las diferencias.
Los insultos y descalificaciones demuestran intransigencia, soberbia, debilidad, improvisación, prejuicios y falta de personalidad. Los políticos no deben imponer, más bien convencer. Tampoco juzgar, para eso están los tribunales de justicia.
Llamar machistas a jueces y oposición, fascistas, y que promueven la "cultura" de la violación a toda un bancada es de imprudentes; en la boca de una ministra solo puede acarrear dimisión.
El buen político es aquel que es respetado por sus formas, mérito y capacidad, tanto por propios como por los oponentes. Los actuales buscan la confrontación en vez del acuerdo, descalifican a los demás para sentirse ellos mismos superiores moralmente, aunque, como es el caso, la ministra en cuestión (Irene Montero) tenga como currículum destacable ser cajera unos meses en una empresa de electrodomésticos.
"Cuando alguien asume un cargo público, debe considerarse a sí mismo como propiedad pública" (Thomas Jefferson) y, curiosamente, nadie se siente responsable del fracaso de los políticos que ha votado.
Creo que aquí está la clave, debemos sentir el fiasco como de nuestra propia cosecha.
Por limpieza democrática, debemos presionar para que todo aquel que no sepa corresponder con el cargo público, dimita, o echarlo de inmediato. Irene, usted debe irse, es un lastre para la convivencia a todos los niveles. Personas como usted devalúan la política.
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