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Ni alma, ni empatía

4 de Diciembre del 2022 - Rufo Costales (Oviedo)

Real decreto-ley 10/2020. La salud, la seguridad, el bienestar social y económico de los ciudadanos son “servicios esenciales” para el desarrollo de una vida digna, que se prestan tanto por las administraciones públicas como por empresas privadas, y “todos los ciudadanos tienen derecho a su recepción”.

El documento detalla en su anexo 25 apartados, de los que en el número 9 dice: “Son actividades esenciales las de los centros, servicios y establecimientos sanitarios, así como a las personas que atiendan mayores, menores, personas dependientes o personas con discapacidad...”.

Los ciudadanos no hemos desaparecido, estamos aquí; la salud no ha dejado de ser un servicio esencial; el desarrollo de una vida digna no ha pasado a ser el desarrollo de una vida indigna; los enfermos crónicos siguen siendo crónicos; el derecho de los ciudadanos a esos servicios esenciales sigue vigente... ¿Qué está pasando?

Pues pasa que este colectivo sanitario, y que me perdonen mis amigos (y los no amigos) de ese sector, es de lo más egoísta, insolidario y elitista, olvidando que el objetivo que tenemos todos los pacientes, aunque ellos nos den la espalda ahora, es la intención de sobrevivir, nada más y nada menos.

El sector médico, hiperpolitizado, usa como ariete de sus reivindicaciones a todos los ciudadanos, en general, para multiplicar el eco de sus consignas, haciendo que la relación médico-paciente seas más inestable que la nitroglicerina. Gritan ellos por lo suyo, y gritamos nosotros por lo nuestro. ¡A ver si el grito atronador hace que el Gobierno se entere y reaccione!

Ninguna duda respecto a sus justas reivindicaciones, quede claro; todas las dudas respecto a sus injustos métodos para reclamarlas, obviando que todas las consecuencias negativas las estamos pagando esta banda de pangolines artrósicos, viejos desechables y pobres esqueléticos y febriles que somos los pacientes, “culpables” de estar enfermos y reos, por sometimiento, del caos sanitario que padecemos.

El que escribe tuvo la desgracia de vivir una experiencia similar en el verano de 2012, donde los tres días de estancia previstos se convirtieron en una semana fatídica (más diez días en la UCI), por culpa de parones en el hospital, quirófanos sin servicio, huelgas, asambleas, retrasos... con situación, entonces, de vida o muerte, un calco de lo que muchos desafortunados están viviendo ahora, mientras este colectivo, sin alma ni empatía, mira para otro lado, el lado de sus intereses.

No entiendo por qué no se plantean un crowdfunding urbi et orbi y montan un megapleito contra los gobiernos de turno para reclamar sus derechos, o, en su defecto, una revolución ciudadana pacífica contra el Gobierno y “sus” sindicatos, pero sin que tengan que convertir a los pacientes en rehenes de sus reivindicaciones, por muy justas que sean.

Creo que el tiempo que nos ha tocado vivir está acumulando tanta mierda que al final no tendremos más remedio que tirar de la cadena.

Saludos cordiales.

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