Mens sana in corpore sano
Recuerdo desde bien pequeña que los medios nos inculcaban esto del ·Mens sana in corpore sano·. Desde hace unos años, esta frase ha sido como un mantra para mí.
Igual que acudimos al fisioterapeuta cuando tenemos una contractura, o al dentista cuando nos duele una muela, ¿por qué está tan estigmatizado acudir al psicólogo cuando tenemos un problema que se nos escapa de las manos?
El otro día me indignaba con una compañera porque decía que ir al psicólogo no servía para nada y que para hablar ya se tiene a la familia o a los amigos. ¿De verdad alguien se cree que se paga a una persona para que le escuchen? Los psicólogos son profesionales de la salud, de la importantísima salud mental. Cuando alguien acude a un psicólogo no es porque no tenga con quien hablar sino porque, por ejemplo, tiene un problema personal que no sabe identificar.
Por supuesto que la familia y los amigos son pilares en nuestras vidas, que nos escuchan y nos entienden, pero ellos no tienen las herramientas suficientes para ayudar.
Todavía recuerdo la primera vez que acudí a mi psicóloga hace más de cinco años: entré llorando porque no sabía qué me pasada y casi tres horas después, pusimos nombre a mi problema. Sin duda es de las mejores decisiones que he tomado en mi vida.
Los psicólogos ayudan.
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