Luces y tinieblas
“Oviedo, Navidad de órdago” era el titular que, desde estas páginas de LNE, abría la noticia sobre el "apoteósico encendido de luces de Navidad". Un espectáculo que, como ya han anunciado, se repetirá siempre que la ciudad "celebre un acontecimiento singular"; es más, nos han asegurado que esto no es nada para la verdadera revolución de luces del año que viene, con un nuevo presupuesto.
Este espectáculo de luz es una excelente medida para reactivar esa actividad económica del comercio y la hostelería al borde de la extinción, castigada injustamente con cierres horarios aberrantes y unas restricciones draconianas durante casi dos años, impuestas por una pandemia, por unos impuestos desorbitantes e injustificados y por unas elevaciones arbitrarias en materia energética y materias primas en base a unas patrañas globalmente impuestas. Este efecto resplandor es igualmente necesario para los ciudadanos que, tras verse inmersos en un miedo existencial en todos los órdenes, se les permite que paseando bajo estas cascadas de luces logren olvidar la realidad económica que padecen y se animen incluso a un consumismo moderado.
Por estas razones, y al margen de las bravuconerías quinceañeras de los ediles en referencia a estos espectáculos luminosos, elevando a su ciudad de ser "la ciudad más grande del mundo" -de la galaxia, más bien-, el convertir la ciudad en un potente foco lumínico es una loable forma de celebrar el acontecimiento singularísimo de la venida de Dios hecho hombre a la Tierra, porque de eso se trata la Navidad. Y es por eso mismo por lo que es una auténtica incoherencia que, cuando emocionado y al borde de las lágrimas el señor alcalde, una vez pulsado el botón de encendido de luces de Navidad, dirigió su vista a la muchedumbre que se agolpaba en la calle Uría, la Escandalera, el Campo y más allá del Campoamor, no lo hiciera al monte Naranco, donde, a raíz del “ahorro energético” y por primera vez en muchos años, esa estatua del auténtico Protagonista de esta fiesta, que preside nuestra ciudad, permanece inmersa en la oscuridad más absoluta a partir de las 22 horas.
¿De esos 1,5 millones de euros gastados en 5 millones de puntos led, 500 arcos de luz, 150 motivos luminosos, 450 árboles, 32 composiciones, más de 300 calles y plazas iluminadas, no hubo la más mísera partida para que la estatua, que representa fielmente la Navidad, no permaneciera oculta en las tinieblas, al menos durante las fiestas que celebramos su venida a la Tierra? ¿Tanto gasto representan esos focos para que sean el objetivo del ahorro energético impuesto?
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