El síndrome de la cara vacía
Es curioso cómo tan solo habiendo utilizado la mascarilla obligatoriamente durante dos años, a veces sentimos un vacío inexplicable sin ella. El otro día entraba a la biblioteca y pensé: "Me he olvidado la mascarilla". Y así, en numerosas ocasiones, al entrar a tiendas, a restaurantes y demás.
Esto es un claro ejemplo de la manera en que nos adaptamos a los cambios y cómo después nos resulta tan difícil desprendernos de los hábitos que ya hemos adquirido durante un periodo de tiempo.
Incluso hay gente que ha desarrollado una especie de miedo y ansiedad por ir con la cara descubierta. O bien por sentirse desprotegido o bien por complejos propios. De hecho, esta sensación recibió el nombre de síndrome de la cara vacía.
Y es que, más allá de la finalidad de protegernos del covid y otros virus, también nos protegíamos de nuestras inseguridades. Pero, a su vez, cuántas sonrisas perdimos en este tiempo.
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