La reunión de las Azores
Veo mucha opinión desnortada en los medios de comunicación y no por ignorancia; más bien por mala fe y con ánimo de engañar. Si yo repitiese cien veces que el Polo Norte está en Sudáfrica, la Patagonia o la Antártida no sería verdad, muy por encima estaría la Estrella Polar desmintiéndome.
Pensaba en la Conferencia de las Azores entre George Bush, Tony Blair y Aznar sobre lrak. Sadam Husein, líder de lrak, soñaba con revivir un califato como en los mejores tiempos del Islam. Él mismo lo pregonaba. Invadió Kuwait, nación pequeña pero riquísima en petróleo, con un ejército numeroso y bien armado. Se decía que el quinto o sexto mejor del mundo, pero no supermoderno, como después se vio. Kuwait era la primera ficha del tablero de su visionario imperio. La segunda, ya más que anunciada, sería Arabia Saudí. La primera misión de las Naciones Unidas, fundada al término de la II Guerra Mundial, es que toda nación invadida fuese decididamente ayudada por el resto de naciones. Estados Unidos acudió y en pocos días, sin apenas bajas propias, aniquiló aquel “potente” ejército. Pero, presionado por los “pacifistas” de siempre, cometió el error de no entrar en lrak, derribar al dictador y propiciar un Gobierno democrático. Claro que estaría difícil en un país islámico.
Firmaron la paz con unas condiciones que el mandatario iraquí no cumpliría. Después de requerir varias veces al engreído dictador, este se hacía el fuerte y no entraba en razón. Yo pensaba que tratar de arreglar aquello con otra intervención militar podía ser como liarse a palos con un avispero y luego defenderse a tiros. Pero algo había que hacer.
Y ahí llega la, por algunos denostada, reunión de los Azores. Los de siempre no cargan contra el dictador agresor, sino contra los tres presidentes democráticos. Aquí, en España, casi exclusivamente contra Aznar. Este tenía muy subido a nuestro “amigo” del Sur, que ocupó el islote de Perejil y amenazaba con una “marcha verde” (como la protagonizada en el Sahara en 1975 contra Ceuta y Melilla). Las dos democracias más antiguas del mundo, Estados Unidos e Inglaterra (si olvidamos aquellos balbuceos griegos de hace 2.500 años), nos prometieron apoyo. Imaginemos lo que hubiese supuesto para España sin el apoyo de Estados Unidos, con su diplomacia, e Inglaterra incluso con su ejército. Marruecos seguramente hubiera tenido el apoyo de buena parte de las naciones islámicas. A las tres naciones les interesa que, con Ceuta, Melilla, Gibraltar y Rota, tengamos controlado el Estrecho. Pero supongamos que luego para conseguir la paz, como ahora ocurre en Ucrania, voces amigas pidiesen cesiones territoriales.
George Bush era partidario de una acción rápida, Tony Blair dudaba y Aznar era más bien contrario. Con una ayuda simbólica del Reino Unido en pocos días aquello terminó con Sadam Husein en paradero desconocido. De todos es sabido dónde apareció y el final que tuvo a manos de sus compatriotas. Lo que no apareció fueron unas armas de destrucción masiva que antes y después fueron utilizadas en la zona. Quizá si hablara el gran arenal desértico iraquí o su amigo el dictador sirio se pudiese aclarar.
España participó, participa y seguirá colaborando en misiones de paz por todo el mundo; envió una pequeña fuerza ya terminada la guerra como lo hicieron también otras naciones. Luego la ONU pidió la colaboración voluntaria de países y aquello terminó relativamente bien, no al gusto de todos; ¿pero qué hubiese pasado sin la intervención de Estados Unidos? Peor lo hizo Zapatero retirando nuestras tropas, y no hablemos de la “sentada” que protagonizó en la tribuna de autoridades al paso de una compañía del Ejército de Estados Unidos con su bandera en el paseo de la Castellana en Madrid el Día de las Fuerzas Armadas. Aquello propició un fuerte retraimiento en las relaciones entre los dos países, desaguisado que él quiso arreglar a lo largo de sus dos legislaturas con muy poco éxito.
Escribo lo que tengo grabado en mi memoria sin consulta alguna. Procuro ceñirme a la realidad como siempre que hablo o escribo. Quiero dar muchos datos en poco espacio y me resulta difícil. Prometo ser más breve si hay otra carta, que de dichos y acciones desafortunadas hay un fuerte popurrí.
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