¿Es deseable la lealtad?
Tu reloj es fiel pero no leal; te da fielmente la hora día a día, pero si alguien te lo roba, le dará al ladrón su fidelidad, y a ti su deslealtad. La lealtad anda desenfocada estos días. Pongamos algún ejemplo: el hombre que le da a su mujer el bufido y a su secretaria el halago -no hablemos ya del siguiente paso- aún cree que es leal porque lleva el sustento a casa; el joven que va para médico y hace trampas en el examen no ve su lealtad para con el futuro paciente, al que dará una pésima atención o pondrá en riesgo su vida; el político que pretende corromper o descomponer la justicia dando apoyo a la subversión no percibe que ese reloj es de todos.
¡Que jóvenes son algunos! Los políticos no son dueños de nada, son funcionarios pagados por el Estado, su cometido es trabajar para el Estado, no aprovecharse de él, resultando en muchos casos en el desastre de toda una nación. Cuando su lealtad al Estado está por encima de intereses partidistas, entonces deben tener el respeto y la gratitud del pueblo.
Y qué diremos de la lealtad a Dios, quien nos ha dado la vida, incluida la conciencia. Según las estadísticas, en España el 80% se declaran registrados en una religión pero no practicantes, o no creyentes en Dios y agnósticos, sin embargo, en una gran mayoría suele ser leal a las tradiciones dudosamente religiosas, o directamente paganas, las antiguas y las que se van añadiendo. Para alcanzar la vida que Dios ofrece, las normas las pone Dios: "Habéis anulado la palabra de Dios por vuestra tradición. ¡Hipócritas! Bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo: 'Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí; en vano me rinden culto, enseñando doctrinas que son preceptos humanos'" (Mateo 15:6-9). Si queremos lealtad, hemos de resultar leales nosotros, al matrimonio, a las instituciones, a los principios morales y a Dios, o puede que estemos vendiendo el futuro por una pequeña y desleal ventaja pasajera.
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