La ONU es rehén de la potencia más poderosa, los Estados Unidos de América
Recién llegado de los campamentos de refugiados saharauis, los sentimientos de su pueblo respecto a los españoles difieren de los que sienten hacia nuestros gobernantes.
La prueba quedó reflejada, una vez más, en el partido de fútbol España-Marruecos, donde tronaban los aplausos cuando España se acercaba a la portería contraria y sufriendo la derrota como cualquier aficionado español.
Las posiciones de sometimiento de la parte mayoritaria de este Gobierno y de los anteriores al sátrapa marroquí no pueden ser consideradas sino de alta traición.
La guerra actual entre Marruecos y el Frente Polisario, aun siendo calificada de "baja intensidad", está siendo totalmente ignorada tanto por el país que la colonizó un siglo -España- como por las propias Naciones Unidas, y ello pese a la internacionalización del conflicto, toda vez que Israel está asesorando al ejército marroquí y vendiéndole armas y drones que han causado decenas y decenas de muertos civiles saharauis. España no se queda atrás en esta aventura al vender armamento ligero que se utiliza en el frente, violando así la legalidad internacional.
De otra parte, las relaciones comerciales de la Unión Europea con Marruecos contravienen los propios acuerdos europeos al adquirir productos esquilmados en el Sahara Occidental ocupado, como son fundamentalmente los fosfatos, pesca y otras materias primas, sin que repercutan los beneficios de la venta en la población saharaui, sometida y humillada por el ocupante marroquí.
La vulneración sistemática de los derechos más fundamentales de los saharauis, derivados de la ocupación ilegal según sentencia del Tribunal de Justicia de La Haya, juicios sumarísimos, detenciones arbitrarias, desapariciones, violaciones a detenidas saharauis, apaleamientos, etcétera, son una constante, sin que la Minurso -Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sahara Occidental- juegue el papel que le fue asignado de velar por el cumplimiento del plan de paz que las dos partes, Marruecos y el Frente Polisario, firmaron en 1991.
Tan decepcionante como el papel de alta traición jugado por nuestro país lo es la ONU, que, lejos de jugar el papel que dio razón de ser a su creación tras la II Guerra Mundial, vemos cómo este organismo es cautivo de los Estados Unidos, que desoye todas y cada una de las resoluciones aprobadas en el Consejo de Seguridad. Un organismo internacional que pretende ser guía de la paz en el mundo y de la solución de conflictos internacionales no puede ser indiferente a la ocupación ilegal del Sahara Occidental y la consiguiente deriva de vulneraciones de derechos. Agresiones e intervenciones en Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia, o el criminal bloqueo a Cuba, etcétera, acreditan mi versión sobre la incapacidad de la ONU.
Las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad han quedado obsoletos y las llamadas democracias parecen estar a otra cosa.
El Frente Polisario lleva 46 años siendo complaciente con la falsa neutralidad o incapacidad de la ONU para llevar a cabo sus propias resoluciones y es por lo que tras la agresión a civiles por parte del ejército marroquí en el paso del Guerguerat, zona desmilitarizada entre el Sahara occidental y Mauritania, dio lugar al inicio de las hostilidades militares.
La connivencia entre la parte mayoritaria del Gobierno español y Marruecos de conceder la autonomía carece de base legal y supone un cierre en falso de las propias resoluciones de la ONU, toda vez que además Marruecos es un Estado centralista en el que no existen autonomías y donde a la propia población rifeña se le niega tal derecho. De otra parte no hay garantía alguna de que los saharauis en una supuesta autonomía pudieran ejercer de cargos políticos, ser jueces, militares o policías, regentar determinados negocios comerciales o simplemente administrar sus propios recursos.
La única solución justa es el referéndum y que sean los propios saharauis los que determinen su futuro.
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