En el alambre o en la inoportunidad
No estoy muy seguro de que Pedro Sánchez pase a la Historia por “haber exhumado el cadáver del dictador” (declaraciones suyas). En mi opinión es un tema menor, en términos históricos. Sin embargo, este Gobierno está rodeado de otras virtudes que sí merecerá la pena a los historiadores destacarlas, junto a sus estrepitosos errores.
El primer Gobierno de coalición de España en 44 años de democracia ha conseguido sacar adelante políticas económico-sociales de gran calado, a pesar del contexto en las que se han desarrollado (la peor pandemia desde 1918 con más de 44.000 muertos y el cierre del país, erupción del volcán Cumbre Vieja, la guerra de Ucrania y una herencia envenenada de los años de desmantelamiento del Estado del bienestar por los gobiernos de M. Rajoy); ampliación de derechos civiles que han colocado a España a la cabeza de los países desarrollados; ha desactivado el “conflicto catalán” (o si quieren, más coloquialmente, lo ha desinflamado), ¿alguien duda de que el conflicto catalán en 2022 nada tiene que ver con el de 2017?; ha recuperado el prestigio internacional y la presencia de España en los foros internacionales.
La tragedia de la valla de Melilla es irreparable en términos de humanidad. Una mancha difícil de superar como país. Requería, al menos, la dimisión del ministro Grande Marlaska, pero este país se sigue diferenciando del resto de Europa en no saber conjugar el verbo dimitir.
No acabamos de “contextualizarnos” a nosotros mismos. No acabamos de entender lo que es un Gobierno de coalición entre partidos que, en determinados aspectos, tienen agendas diferentes y visiones distintas de una misma realidad. No acabamos de entender que un partido es el mayoritario, el otro minoritario y que, a su vez, los dos necesitan de otros socios parlamentarios para sobrevivir. La ley del “solo sí es sí” y la “ley trans” son un claro ejemplo de ello. No hay otra salida que el entendimiento, pero entendimiento no significa “mi ley es perfecta y no estoy dispuesto a mover una coma”. Eso no es un Gobierno de coalición.
En ello estábamos y “parió la burra”. Desde el alambre y casi finalizando el recorrido, Sánchez sacó un conejo innecesario de la chistera: la modificación del Código Penal para los delitos de malversación. Esta parada en el alambre no estaba ni en el programa electoral, ni en el acuerdo de gobernabilidad con UP, ni en los acuerdos con la parte más interesada, ERC (al menos es lo que sabemos) y... ¡ojo al dato! con los Presupuestos para el 2023 ya aprobados. El descoloque de los sesudos analistas de la cosa pública ha sido total. Nadie lo entiende.
En todo caso, existe en política un principio (yo diría que es de primero de política), “las operaciones que requieren anestesia es fundamental realizarlas a principio de mandato”, no cuando estás a las puertas de año electoral. La pregunta es: ¿para ganar las elecciones generales solo es posible con una mayor aportación de votos catalanes, aunque ello suponga el desafecto del resto de España y la pérdida de votos?
Todo el mundo sabe que tanto García Page (Castilla-La Mancha) como Javier Lambán (Aragón) no solo representan el ala más a la derecha del PSOE, sino que, en sus respectivos territorios, ganan elecciones gracias al voto de votantes procedentes del centro-derecha. Ellos tienen elecciones autonómicas en mayo y quieren volver a ganar (y si es por mayoría absoluta, mejor que mejor). En eso están. ¿A alguien le extraña sus declaraciones en contra de la última pirueta de Sánchez desde el alambre? En similar situación están otros territorios que ven de reojo el tema catalán (Castilla y León, Cantabria, Asturias, Extremadura...).
No es un problema de caminar sobre el alambre (Sánchez ha demostrado su destreza en ello), es un problema de oportunidad política. Por ello, PP y Vox aplauden con las orejas, ya tienen hecha la campaña... eslogan incluido.
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