¿Es el fin de los juguetes sexistas?
Fui de esos niños que se crio con su hermana. Recuerdo las largas tardes de juego en las que daba lo mismo una muñeca o un balón, lo importante era pasarlo bien. Cuando comentaba con mis amigos que jugaba a las cocinillas con mi hermana, siempre tenía que defenderme ante las acusaciones de “juegas a juegos de niñas”. Aunque me escondía de cara a los demás, nunca entendí qué estaba haciendo mal. Simplemente, dejaba volar mi imaginación y creaba “grandes historias”, dignas de libro, que compartía con mi hermana. Por suerte, soy de otra generación.
Parece que nuestros pequeños tienen más libertad, pero todavía estamos dando vueltas sobre el mismo eje. Hoy, casi cuarenta años después, se pone en marcha un código de autorregulación publicitaria en el que ya no se asociarán los juguetes al género y promoverá una imagen plural y libre de estereotipos en el ámbito de los juguetes.
Ya iba siendo hora, ¿no? Las etiquetas solamente nos demuestran que todavía queda un largo camino por recorrer y no nos centramos en lo más importante: las criaturas lo pasan bien sin importarles si aquello con lo que juegan es de color “rosa o azul”.
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