Las fake news y la invasión rusa en Ucrania
Iniciada la invasión ya hace 9 meses, desde que Putin dio luz verde a los ataques a gran escala y de forma bélica el 24 de febrero de 2022, se ha podido entrever toda una serie de dilemas éticos en las redes sociales. Se ha hecho un manejo de imágenes gráficas de violencia con vídeos de prisioneros de guerra, soldados muertos o imágenes de adolescentes con armas. Los contenidos que han ido llegando a la audiencia se han convertido en una fuente de información, la nueva generación de información. Pero esta información que nos llega es complicada de discernir de la verdad o de la rumorología, puesto que muchas de estas publicaciones carecen de datos y de fondos fiables.
La desinformación en esta guerra ha cogido un plano multiplataforma, como, por ejemplo, las campañas virales en las redes sociales, declaraciones políticas o de medios gubernamentales, opinantes o “influencers”. En este caso, se puede afirmar que se ha hecho una mala praxis de esta herramienta y se han creado alarmas sociales, rumorología, ruido informativo, fake news. Empezando por el Kremlin, que ha filtrado toda información que no iba relacionada con la política que la misma institución quería mostrar. O como desde el Gobierno de los EE UU hicieron que “influencers” más conocidos, después de darles toda la información sobre la guerra, hicieran de canal con la sociedad y explicarla. Esto hace que la manipulación que se puede generar a partir de ciertas informaciones tenga una gran trascendencia en la sociedad, sobre todo en tiempo de crisis o guerras, para obtener un comportamiento determinado en la población.
La educación es la clave para intentar combatir la desinformación y las fake news. Una de las soluciones que se podrían aplicar es educar a la sociedad a saber contrastar la información y que tengan la iniciativa de tener un criterio propio.
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