El caballo de Pavía relincha... y se queda a puertas
Algunas cosas buenas tiene Alberto Núñez Feijóo. De vez en cuando dice lo que piensa y cuando lo dice, no pasa nada. La primera vez fue hace 27 años. No tuvo ningún problema en aparecer en un yate acompañado de uno de los célebres narcotraficantes gallegos. No se ha inmutado por aquel suceso desde entonces, ni por los viajes que realizó junto al narcotraficante a Canarias, Portugal, Ibiza (que se sepa). Hace unos días confesó que "no estaba permitiendo renovar el CGPJ y el Tribunal Constitucional para salvaguardarlos de Sánchez". Así de claro, así de transparente, como la foto con el narcotraficante gallego.
Si algún ingenuo todavía albergaba la esperanza de que la llegada del gallego a Génova 20 de Madrid, sería el aterrizaje del verdadero centro-derecha moderado, institucionalista, constitucionalista, fiable, ya puede ir despertando del sueño de los incautos. PP/Vox cuentan para sus "fechorías antidemocráticas" con el Poder Judicial, que sigue siendo suyo a pesar de que el pueblo español no les haya dado su confianza para gobernar.
Tan es así que, sin ningún rubor ni revestimiento, han pretendido que el TC suspenda un debate en la sede de la soberanía popular. Insólito en una democracia avanzada, solo imaginable en los regímenes autocráticos. Pero tiene su lógica, hay un hilo conductor desde que el PP/Vox no reconocieran el resultado de las últimas elecciones generales ni al gobierno de coalición salido de la voluntad popular. Por ello, utilizan a las instituciones judiciales como su patio trasero para intentar revertir las leyes y decretos que salen del poder ejecutivo y del poder legislativo.
Pero jamás había ocurrido que el TC admitiera de manera "urgentísima" las solicitudes de PP/Vox para que se suspenda un debate parlamentario. Es decir, que los representantes del pueblo español puedan debatir en el Parlamento una proposición de ley. Si al final esto ocurriera, no tendría otro nombre que el "Golpe de togas a la democracia española". Lo más grave que ha ocurrido desde la entrada de Tejero en el Congreso, el 23 de febrero de 1981. El artículo 66.1 de nuestra Carta Magna reconoce a las Cortes españolas como "el único órgano constitucional legitimado democráticamente de manera directa como representante del pueblo español". Blanco y en botella.
Este mismo TC que vive sus horas más bajas de desprestigio institucional, bloqueado en su funcionamiento por los magistrados conservadores (a petición del PP/Vox) se resiste a la renovación de algunos de sus miembros (entre ellos, su presidente). Estando como están, con mandato caducado, si tuvieran que decidir sobre la idoneidad de los magistrados propuestos por el Gobierno (según establece la ley), estarían prevaricando, ya que, según el artículo 2 de la ley Orgánica del Tribunal Constitucional, a este le compete "la verificación de los nombramientos de los magistrados y juzgar si los mismos reúnen los requisitos requeridos". Nada más.
Por su parte, el presidente en funciones del TC, González Trevijano (con mandato caducado) no puede intervenir en el proceso de renovación que le afecta a él directamente, por manifiesto conflicto de intereses. No cabría otra interpretación que el deseo de mantenerse en el cargo. Como muy acertadamente señala uno de los magistrados más lúcidos que ha tenido este país, Martín Pallín, "espero que el Gobierno no renuncie a sus competencias, publique los nombramientos de sus dos magistrados y se evite una crisis institucional, que solo sería atribuible al desprecio de la legalidad por una mayoría de jueces del alto tribunal".
El primer asalto de este insólito combate (impedir el debate en el Congreso) ha quedado en tablas. El segundo asalto será el lunes 19 de diciembre, y podría impedir el debate en el Senado. Si así fuera, el caballo de Pavía habría entrado definitivamente en la sede de la voluntad popular. Si el sentido común se impone y no se aceptan los recursos de PP/Vox, volveremos a respirar, no sin antes haber dejado un reguero de excrementos del caballo de Pavía y el eco de sus relinchos, como el 3 de enero de 1874.
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