Funerales
Con frecuencia, mis amigos me piden que dirija unas palabras en el funeral de un familiar, generalmente alguno de sus progenitores. Trato de sujetar bien las fibras nerviosas y emocionales, para dar al momento la paz, el sosiego que el alma necesita, y muy especialmente la esperanza, la maravillosa esperanza de recuperar a los seres queridos tras la resurrección en un mundo nuevo, el que podía haber sido desde el principio, el mundo que el Creador preparó para el ser humano, que incluye la posibilidad de vida eterna en la Tierra. Por si acaso puede consolar y alentar una esperanza de futuro para alguno de vosotros, me atrevo a desvelaros la verdad lógica, coherente, natural, y deseable, que nos ofrece la Palabra de Dios, ya veréis lo hermosa que es.
Dios hizo al ser humano para vivir, no para morir, pero para vivir en armonía con toda su creación en la Tierra y en el universo, debía aceptar esas mismas leyes que lo sostienen, leyes físicas y leyes morales o espirituales para la creación inteligente. Le proveyó de todo y tan solo le impuso un principio: aunque tenía libre albedrío, este debía entender que es el Creador quien decide lo que está bien y lo que está mal. Eso se representó por el árbol de lo bueno y lo malo. Ese árbol era el único en el paraíso que el ser humano debía respetar, como perteneciente a Dios. En realidad, toda la creación respeta la voluntad, el propósito, el amor, la justicia y la sabiduría de su Hacedor. Sin embargo, el ser humano optó por decidir por sí mismo lo que está bien y lo que está mal. Tal y como había sido advertido, con ese error perdió el sostén de la vida que proviene de Dios y comenzó a morir, transmitiendo la imperfección y la muerte a sus descendientes.
El ser humano ya ha demostrado como usa su libre albedrío, cómo decide, y a qué le lleva su absoluta libertad: al desastre. La Tierra misma ya está en peligro inminente, y el ser humano de un modo individual y global, se ha hecho a sí mismo y a sus congéneres, en muchos casos, un daño inhumano, criminal, asqueroso e inmoral. ¿Será destruida la Tierra?, ¿fracasará el propósito de Dios?. Nada puede hacer fracasar a Dios. ¿Cuál es entonces su plan de rescate?:
"Pues, dado que la muerte es mediante un hombre, la resurrección de los muertos también es mediante un hombre. Porque así como en Adán todos están muriendo, así también en el Cristo todos serán vivificados" (1 Corintios 15: 21,22). Dios hace que su hijo unigénito nazca como ser humano, este resulta ser fiel en todo. Entonces podía optar como Adán a una descendencia perfecta para la vida, pero eso habría dado lugar a dos humanidades, una que muere y otra que vive. Para rescatar a la que muere, Jesús se sacrifica y pone en manos de Dios su derecho a la paternidad humana. Con eso Dios, de un modo acorde con su ley perfecta, (alma por alma) rescata al que quiera optar a ser parte de esa descendencia por medio de la fe en Jesús.
"El primer hombre, Adán, llegó a ser alma viviente". El último Adán llegó a ser un espíritu dador de vida" (1 Corintios 15: 45). "Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para que juzgara al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él... Ahora bien, esta es la base para el juicio, que la luz ha venido al mundo, pero los hombres han amado la oscuridad más bien que la luz, porque sus obras: eran inicuas. Porque el que practica cosas viles odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean censuradas. Pero el que hace lo que es verdad viene a la luz, para que sus obras sean puestas de manifiesto como obradas en armonía con Dios" (Juan 3:16-21).
Recordemos: nada de cosas oscuras, confusas, como los miles de religiones humanas, sino verdad en armonía con Dios: "Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo... Ellos no son parte del mundo, así como yo no soy parte del mundo. Santifícalos por medio de la verdad; tu palabra es la verdad" (Juan 17:3,16,17). Perdón si os he cansado un poco, pero esto es tan hermoso...
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