Ciencia ficción inductiva: Explotando un nuevo género
En octubre de 2019 un grupo de personajes de esos que mueven hilos, financian entidades públicas y privadas y conquistan voluntades a escala planetaria -al parecer, y solo como fruto de su agudeza intelectual, premonitoria visión cósmica y voluntariedad- comenzó a sugerir medidas preventivas contra posibles amenazas epidémicas de efectos devastadores, mientras que otros, solos o en compañía experta, se aprestaban a diseñar medidas profilácticas y terapéuticas para un hipotético y desconocido agente patógeno. Y durante –o poco después del encuentro– se desencadenó la covid-19, para alguno de estos personajes “una oportunidad única” (es de suponer lo de "oportunidad" que solo para poner a prueba estrategias y procedimientos defensivos de cara a previsibles futuras pandemias). Luego, ya saben, la vida de los que quedamos de este lado del caos experimentó una inflexión, para muchos dramática e irreversible y, para todos, indeleble.
Al cumplirse exactamente tres años de aquel evento iniciático –en estos días traumatizados, inciertos, confusos y con ominosas calmas entre mareas, oleaje y emergencia de nuevas variantes de virus y bacterias– resulta que prácticamente el mismo grupo de patriarcas, mentores, tutores y autoentronizados sumos sacerdotes han comenzado a sugerir (verbo previo a imponer) medidas protectoras contra un hipotético nuevo germen (Dios quiera que, en breve, la hipótesis no devenga en posibilidad, luego en probabilidad y finalmente en llamada a la puerta). Germen –dicen teorizar meticulosamente– de un orden de magnitud muy superior, en transmisibilidad y letalidad, con respecto a los ya conocidos (y del que –ya puestos– se avanza nombre y retrato robot: morfología, funcionalidad, órganos diana, sintomatología, efectos y cuantificación precisa de su morbilidad, máxima en jóvenes a mayor abundamiento), sugiriendo el diseño y preparación de nuevas avanzadas e inéditas terapias ad hoc –atentas las farmacéuticas– así como innovadoras estrategias de gestión pandémica universal compatibles con la Agenda imperante. (Afortunadamente no se insinúa que todo esto pudiera inscribirse en el modo “plaga bíblica”, ya que el Todopoderoso suele dejarse ver poco últimamente en grandes escenarios, bien porque se ha hartado de sus mascotas o bien porque estas le hemos salido rana).
En condiciones normales, y sin el mal sabor de boca y los resabios que, lógicamente, hemos generado con recientes, inacabadas (y con visos de inacabables) experiencias traumáticas, tanta profecía, sagacidad y diligencia serían encomiables como cautela preventiva, y los subsiguientes "avances" en el campo de la ingeniería social serían aceptables como tributo. Ahí podría quedar todo si los consabidos conspiranoicos –generalmente gentes contra corriente y fuera de nómina– no nos avisaran de que algunos de estos personajes, con acceso a las cocinas, son de los que opinan que lo óptimo para un planeta como el nuestro sería no sobrepasar con mucho los dos mil millones de inquilinos. ¿O de súbditos, o de siervos?, no recuerdo bien lo que les oí decir, pero confieso que, desde entonces, me ha surgido cierta aprensión.
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