Constitución y Tribunal Constitucional
La Constitución fue aprobada por la inmensa mayoría de los españoles: ese conjunto de personas normales que conforman el pueblo. ¿Qué está ocurriendo? A mi entender (de persona del pueblo), creo que algunos que se movilizaban no hace mucho proclamando consenso en la plaza del pueblo desean cambiar la Constitución y destruir el Estado. La Constitución es la norma de las normas de juego que se han establecido, y que, aunque no nos guste algún aspecto, se debe respetar. Si pretendes cambiar la Constitución deberías preguntarte por qué lo quieres hacer: porque ella es esencial para la separación de poderes. La Historia nos dice que las constituciones de los países más prósperos y estables no se han cambiado en siglos. ¿De qué se encarga el Tribunal Constitucional? De velar y defender la Constitución. Por tanto, es el garante de que la separación de poderes sea eficaz y se evite la destrucción del Estado, se impida la llegada de forma democrática del autoritarismo. A lo largo de la historia reciente del siglo XX hemos visto cómo la debilidad de la democracia en admitir a sus enemigos dentro de ella ha llevado a cambios en materia constitucional y a la llegada del totalitarismo (Alemania, 1930). Por tanto, cualquier conflicto entre las Cortes Generales y el Tribunal Constitucional denota que se está viviendo una situación de extrema gravedad. Tal conflicto anima a los enemigos de la Constitución a querer cambios en el ámbito constitucional. Pero el Tribunal Constitucional es el máximo intérprete y deben acatarse sus decisiones. No podemos permitirnos el lujo de cuestionarlas, ni de cuestionarle, porque es la columna vertebral del Estado y de la democracia. La solución debe pasar por el propio Tribunal Constitucional y los partidos políticos buscar un consenso legislativo. No se puede jugar con las leyes de su formación como se ha hecho con las leyes de Educación.
Algunos, en una especie de viaje en el tiempo, consideran que nuestra Constitución no es la suya porque ellos no habían nacido y, ya sin más, la quieren cambiar. Así que se lleva años planteando un asalto al poder del Tribunal Constitucional. ¿Saben cuál ha sido el error? No haber consensuado una ley de Educación hace décadas. Personalmente también tengo mi particular viaje en el tiempo a modo de otra "boutade" entre lo de antaño y lo de ahora. Antaño: "Hecha la ley, hecha la trampa". Ahora: "Diseñada la trampa, se promulga la ley". Por ese deseo corrupto de perpetuarse en un poder cómodo, pero sobre todo de destruir lo establecido y, como siempre nos sucedió, acabaríamos en el totalitarismo.
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