La felicidad está en las personas que nos quieren y queremos
La felicidad tal y como la interpretamos no existe; esa recatafila de deseos y anhelos personales y materiales bien pudieran cumplirse, pero la avaricia mental es insaciable, jamás se conformará con lo conseguido, siempre irá más allá, creándonos una situación de insatisfacción permanente.
Como dice Pablo Coelho: “No midas tu riqueza por el dinero que tienes, mide tu riqueza por aquellas cosas que no cambiarias por dinero”, esa es la verdadera felicidad. La tenemos todos al alcance de la mano, es rodearse de personas que no cambiaríamos por todo el oro del mundo. De esas que cada día nos apoyan, nos aman, nos necesitan, las necesitamos.
Por ello es tan importante la familia, los amigos, los vecinos y compañeros de trabajo.
Los vecinos de antaño se acabaron, ya cada cual vive su vida ajeno a los problemas de los demás.
Los amigos están ahí, pero cada cual conforma su propia familia con todos los ingredientes y problemas, ya solo cuentan a cuentagotas.
Los compañeros de trabajo son un apoyo importante durante la vida laboral, pero a la vez tienen sus propios avatares de la vida. Con lo cual, siempre quedará la familia.
La familia sigue resistiendo incluso a conatos de descomposición incluso desde algún Ministerio, donde se les da la posibilidad a menores de abortar, cambiar de sexo y nombre sin asesoramiento y permiso de los que verdaderamente le quieren. También publicitando y apoyando otro tipo de tendencias sexuales (decenas) convirtiéndolas en opciones equiparables a la familia convencional, esa que proyecta o trata de mantener la supervivencia humana.
También sufre la familia desmembración, salvo familiares que vivan cercanos, ya queda relegada a la pareja, hijos y nietos.
No es de extrañar que el número de suicidios aumente alarmantemente y que las personas mayores se mueran en la más absoluta soledad y abandono, sin salud, sin medios y sin nada, solo la desvergüenza de una sociedad podrida donde la avaricia, la egolatría y el egoísmo superan a la solidaridad y el compromiso.
Las personas mayores son un estorbo para esta sociedad educada en la más absoluta permisividad, comodidad y sin respeto por nada que no sea su propio ego.
Si quieren ser felices, el compromiso con los demás es imprescindible, cuiden su familia y no se dejen manipular por nada y nadie. Tengan criterio propio: disentir es implicarse, asentir es desentenderse, es empezar a no importarles la vida.
Felices Navidades y que el próximo año sea mejor para todos.
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