Discurso aprovechón del rey por Navidad
La Constitución en su artículo 56 señala que el jefe del Estado “arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones”, y Felipe VI ha querido emplearlo de un modo aprovechón en su discurso de Navidad. No hizo algo parecido cuando se supo, quizás él antes que todos nosotros, de las fechorías de su padre. Eso sí fue erosionar la institución monárquica.
El Monarca se dirigió a todas las instituciones, sin señalar a ninguna en concreto, para que todas se den por aludidas y asuman su parte de responsabilidad, cuando él no supo responder sobre la suya en su momento, manteniendo una posición de dejar pasar el tiempo sin que se diera por aludido del daño que dejó su padre en la institución que representa.
Instó a todos los involucrados en este pulso múltiple a frenar “la erosión de las instituciones”... “Necesitamos instituciones que respondan al interés general y ejerciten sus funciones con colaboración leal, con respeto a la Constitución y a las leyes, y sean un ejemplo de integridad y rectitud”.
¿Ejemplo de integridad? Hay que tenerlos bien puestos para decir eso con la que le toca en tu propia casa. ¿Integridad y rectitud dice?
Para el jefe del Estado, la “erosión de las instituciones” es uno de los tres riesgos a los que tienen que hacer frente las democracias en estos momentos. Los otros, concretó, son “la división” y “el deterioro de la convivencia”, en referencia a la polarización social y la necesidad de guiarse “por la razón”.
Seguimos con lo mismo, por supuesto que tiene razón, los políticos actuales se están convirtiendo en destructores de su propio existir, buscan polémica constante, no es que no traten de llegar a pactos y entendimiento, es que su estrategia es todo lo contrario, incluso dentro del Gobierno sus socios (Podemos) se están convirtiendo en máquinas de odio permanente para la convivencia, su misandria solo les lleva a campañas de odio entre mujeres y hombres. La oposición vive en campaña electoral perpetúa, el Gobierno también. A pesar de que todo eso que está ocurriendo, Felipe VI no tiene la propiedad para mostrarse mejor que esos a los que critica, lo tiene dentro de su institución monárquica. Hereda un enjambre de porquería del emérito, debiera antes de moderar en las demás instituciones, asentar la suya sobre bases de más implicación personal, ser más claro y conciso sobre el proceder de su antecesor. Es que es hasta rabiosamente indigerible, mientras los españoles estaban pasando dificultades enormes por las crisis, ese individuo, su padre, regalaba 65 millones a la querida. Con una fortuna de dudosa procedencia y guardada en paraísos fiscales, que si no fuera por el proceder de favoritismo de la Fiscalía y de la Hacienda Pública para lograr regularizarse, estaría en una posición aún peor ante la justicia. La Fiscalía notificó al rey emérito que le estaba investigando antes de que presentara su regularización. El Código Penal solo exonera del delito fiscal a quien salde sus deudas con Hacienda con anterioridad a tener “conocimiento formal del inicio de diligencias”.
Lo siento, no cuela ese ejercer de moderador teniendo detrás este lastre, ¿sabía usted algo irregular de su padre? ¿Se benefició usted de los chanchullos de su padre? No sé, quedan muchas preguntas sin respuesta que tenemos derecho a saber los ciudadanos. No me gusta ese aprovecharse de la ineficacia de los políticos para mostrarse olvidadizo de ser heredero de los peores ejemplos para una institución como la Jefatura del Estado y de las Fuerzas Armadas.
No me queda duda, usted está preparado, me parece responsable y muy capaz de asumir retos y responsabilidades. Pero debe una explicación a todos antes de corregir a los demás. Lo primero es renunciar a esa inviolabilidad que supera los peores presagios sobre una justicia igual para todos.
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