Promesa cumplida
Casi no reconocía ante el espejo al joven que hacía años cruzara el océano para trabajar, demasiado lejos como para no desear algún día regresar. Por su ventana veía ahora la Estatua de la Libertad; cansado, se echó a dormir y soñó, soñó que volvía el tiempo atrás, a la plaza donde jugaba, al bar donde su padre echaba la partida, al pausado pasear de su madre camino a casa; la siguió muy cerca y en silencio para no despertar ya más. Estaban todos y él con ellos, había vuelto a su pueblo, había cumplido su promesa de morir un día en él. No era imposible como decían para un pobre volver al hogar.
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